Hacía ya algunos años que no acudía al reclamo del Valle en su máximo momento de floración y de esplendor. Y, como siempre, desde que era niño, he vuelto a sentir la fuerza de su luz. La misma luz de entonces y tan distinta una y otra vez.


     

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                     OJO DE HALCÓN

Dos guías tuve yo en ese camino, uno el poeta que como halcón
encapuchado, en su vivir solitario y nocturno, centrada en sí la esperanza
de luz en las tinieblas; el otro, de diurno ejercicio.
                                                                                                  Clara Janés

¡Ah!
Este pájaro de la dicha
o blancura
en medio de las tinieblas.
Este pájaro
de apagados ojos
y de profundo vuelo en el aire detenido
hacia cuánta
oscuridad que refulge.
Pájaro nacido de la piedra
que en solemne soledad
se remansa
y de estrellas pleno como la noche.
Como dulce pupila o fruto
retoma presto las alturas
para apresarlo todo,
todo el fulgor
sobre la verde umbría de las aguas,
sobre el calor ciego
de la claridad
ausente.

Este pájaro de la dicha
o blancura
en medio de los abismos.
Este pájaro
de encendidos ojos en el aire
guarda tras el umbral
de nuestros cuerpos
cenizas malvas de algún atardecer
de otoño.
Ya oculto entre la maleza,
ya entre el bosque desnudo,
acarrea desde el centro nombres
de las aguas del río
hacia la orilla,
ante la mirada fresca de los castaños
y el beso ácido de las acerolas
de la infancia.
Este pájaro
como fruto dulce,
como noche cerrada
en su nocturna oscuridad se aquieta
y remonta
presto las alturas
para apresar,
en la cumbre blanca de tanto cerezo,
la tibia nieve y su memoria…

                                                  
                                                    de A este lado oscuro del cauce, 1992.

JPW