Quien habita el fondo / Cuando la noche calló sobre Lisboa

No quería que pasase más tiempo, entrado ya el Año Nuevo. No sin dar noticia de dos libros, que no por estar algo alejados de los circuitos más accesibles, han atraído menos mi atención. Me llegan de la mano de sendos autores y desde aquí se lo agradezco a ambos.

Según escribe Puerto Gómez en la contracubierta de Quien habita el fondo, de Emilia Oliva (Malpartida de Plasencia, 1957), el ser que habita el fondo es el propio pasado en forma de fantasma, es el propio poeta y el propio lector. Son los días caducos, orillados por el tiempo frente a un nebuloso océano de dudas e incertidumbres. Este libro fue galardonado con el IX Premio Internacional de Poesía “León Felipe” y publicado por la Editorial Celya en agosto del pasado año. El contenido se nos presenta dividido en cuatro partes: “Sin maneras ni previa invitación”, “Días que fueron”, “Amalgama borrosa”  e “Insolente presencia”. Los poemas, como un aroma que se impone a la conciencia, se nos imponen amables y el ritmo fluye para alivio de los sentimientos logrando un equilibrio extraño pero muy hermoso entre cierta violencia tipográfica, entre ciertos vaivenes visuales y una delicada cadencia prosódica. El devenir de los versos marca una lectura pausada y sostenida (como el paisaje en el que vieron la luz), reclamando constantemente la atención del individuo, del lector que se encuentra en mar abierto y sin rumbo, a la deriva. Conviene detenerse en estas páginas para habitar el fondo, para huir, si acaso, hacia un punto de fuga en la vorágine en que vivimos. Como una lengua extraña / hubimos de aprender / la árida gramática de la espera / las torvas declinaciones de la distancia / la engañosa conjugación de los recuerdos / la ávida enajenación de la sintaxis / a base de briznas, de destellos […] Escribe Emilia Oliva.

                                                                                                                                                                              

En la solapa de Cuando la noche calló sobre Lisboa, del madrileño Paco Moral (Madrid, 1961), se me confirma que estoy ante un viaje de ida y vuelta. Lisboa, hermosa entre las ciudades hermosas, bella entre las sombras de la noche, aparece como referente y ancla de emociones, pero también como reflejo simbólico del interior de este poeta que escribe y siente lo que escribe como propio y común. El libro se abre con un poema a modo de “Anunciación” y continúa con el despliegue de otras tantas partes: “El niño junto al río”, “Esbozos orientales” y, la más generosa por su extensión, “La terquedad de la memoria”. El viajero, el lector, que deambula en la noche lisboeta intentando huir de sí mismo, pretende conciliar los deseos con los recuerdos y termina su periplo buceando en el paso irremediable del tiempo, en la distancia, la ausencia, el dolor y el olvido. Como dice Vinyoli en una de las citas del libro “He detenido el vuelo de los astros, […] / He suplantado sueños.” Paco Moral ha publicado hasta el momento, además de este título editado por Celesta, Suave viene la noche (1989) y Libro de las cartas (2008), del que ya dimos noticia aquí. Cuando la noche calló sobre Lisboa / las gaviotas del Tajo / cruzaron mustias el puente que separa / la verdad y la vida, / la pureza y la nada / el silencio y las sombras, […] Escribe Paco Moral.

Dos libros, dos propuestas muy aconsejables, dos formas de estar y entender la poesía, de entenderse y de entendernos por medio de la reflexión, por medio de la contemplación de lugares y tiempos,  y con la esperanza segura de una huida hacia el interior, de una salida hacia delante.

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