Un poeta

06/10/2009   Diario de León

Al trasluz | eduardo aguirre

Asistí a la entrega del premio de la Bienal de Poesía que concede la Diputación, a través del Instituto Leonés de Cultura. La importancia de un acto no la define el número de asistentes, sino la calidad de los mismos. Y allí, escuchando y aplaudiendo a Javier Pérez Walias, había algunos de los leoneses de más valía intelectual y humana: Cordero del Campillo, Máximo Cayón, Artigue y Rafael Carralero, cuatro destellos de humanismo. Luminosa fue también la presentación de Víctor M. Díez. Largueza del instante incluye un poema dedicado a Carralero, a quien nadie se cansa de querer, pues ello significaría que se te ha secado ya el corazón. Nuestra tierra tiene en la colección Provincia un gran estandarte; peldaño a peldaño, como las más humildes ediciones de autor, estos poemarios vienen construyendo una ascendente escalera de palabras. Los premios de poesía sólo necesitan tener detrás a un buen escritor, y a un jurado que no caiga en el compadreo del tú me das esto aquí y yo te encargo eso allá. El prestigio ha convertido el Provincia en un galón del Estado Mayor de la Poesía. El autor, quien dejó constancia de su alegría por el reconocimiento recibido ese mismo día por Juan Carlos Mestre, me confirmó que publicar en la colección leonesa atrae más que en otras de más renombre, ya deterioradas por el todo vale. Al leernos sus poemas pudimos constatar el acierto del jurado: «Los peces de la vida y de la infancia también reclaman su alimento / su porción de cebo blanco en el poema». Las huellas de la poesía son profundas, y variada la forma de caminar, pero no es necesario que la pisada sea estruendosa. Ante la culturilla del fuego de artificio, la cultura del logro silencioso. Lejos del mundanal ruido, a solas con «los agujeros celestes del lenguaje».