Javier Pérez Walias

Locus amoenus

La cacharrería de libros

He leído en algún rincón de la red, que a la mesa invadida por el caos, en la que vamos depositando la generosidad que nos remiten los amigos en forma de libros, la podemos llamar cacharrería. Este lugar, anunciado así, es como una madre joven, preñada de significados tiernos, y lo es por sus matices fónicos, por sus connotaciones de equipaje imprescindible y porque, sobre todo, nos convierte en pequeños Funes, en sesudos plantígrados, ávidos de memoria y afecto, que entramos, a volapié, en el pensamiento colectivo para movernos por el tablero que dibujan las relaciones entre las personas de bien. A diferencia de las grandes bibliotecas y los museos, las cacharrerías de libros están más vivas que nunca y nos permiten bucear, a lo esnórquel, entre las páginas aún desprovistas de su acuse de recibo, y conmovernos con las peripecias de sus moradores, por obra y gracia de sus ángeles custodios, y deleitarnos bajo el amparo impagable del libre albedrío, de la elección a ciegas o de la flecha que atraviesa rauda el corazón de lo inexplorado. Nos permiten encontrar un universo luminoso en medio de la oscuridad de estos días interminables de noviembre, descansar bajo una palmera que rebosa leche dulce en medio de una isla. Las cacharrerías de libros se nutren, crecen y merman, con el gesto de los amigos, con el gesto de los amigos de las cosas perdurables, con el gesto de los que alumbran las palabras al ritmo ajedrezado de las cubiertas, al  ritmo de cualquier esperanza, con las letras capitulares de la gratitud, al ritmo de la vida, por ejemplo. Luego, por imperativo del espacio que habitamos, acabamos poniendo pauta y medida, cierto orden en el caos de los sentimientos más puros. Acabamos acomodando nombres y vísceras, como víctimas casi del olvido, en sus celdillas correspondientes. Pero a partir de este momento, ya nada, aunque sólo regresemos de vez en cuando a charlar con los que allí moran, ya nada será lo mismo. Las cacharrerías de libros son, a la postre, nuestro locus amoenus para el regocijo y el agradecimiento.

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  • Fragmentos de Enero de mi amigo NACHO LOBATO se ha alzado con el primer galardón del Premio de Pintura Muface. Decía yo, no hace mucho, que a la belleza se llega por los poros, que a la armonía se llega, asimismo, por la energía incandescente de las pupilas, por los respiraderos del alma. Y, por lo mismo, no es  casualidad que se le haya concedido este Premio al  artista plástico y escenógrafo sevillanoextremeño. Con frecuencia, el talento, unido a una gran capacidad de trabajo y al entusiasmo por compartir una mirada profunda y particular de la realidad, alumbra obras tan hermosas y expresivas como estos fragmentos de enero. Desde aquí, desde este pequeño rincón habitado por la palabra, quiero enviar mi más cariñosa enhorabuena y mi admiración por este artista y su obra.

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  •             El próximo martes, 23 de noviembre, visita Alcántara el escritor extremeño José Antonio Leal Canales (Villa del Rey, 1958). Leal Canales es uno de los escritores más representativos de la narrativa extremeña. Intervendrá a las 18:00 horas, en el Taller del Cuento y la Poesía que imparto en la Universidad Popular, inscrito en la Red de Talleres Extremeños. El acto se celebrará en la Biblioteca Pública Municipal. El autor leerá algunos fragmentos de sus libros y charlará con los asistentes sobre su concepción del cuento, del relato, de la novela y de la literatura. También charlaremos con él sobre su última novela (Premio Ciudad de Badajoz, 2009) El testimonio del becario. La lectura es abierta al público (puede asistir todo aquel que lo desee; no es necesario estar inscrito en el taller). Agradezco desde aquí a José Antonio Leal haber aceptado, sin dudarlo, nuestra invitación.

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  • Éste es el catálogo publicado por la Diputación de Cáceres con motivo de la exposición Wunderkammer/White noise de JAVIER ROZ en la sala El Brocense. Los textos son de Javier Pérez Walias, Juan Varela, Antonio Urdiales y yo mismo.

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  • Badajoz, Dip. Prov., Servicio de Publicaciones, 2010, 186 págs.

    Coordinación e introducción de Manuel Simón Viola.

    Varios Autores

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  •                                                                                            

    El escritor José María Cumbreño (Cáceres, 1972), uno de los escritores más representativos y prolíficos de la última literatura extremeña, intervendrá el martes, 9 de noviembre, a las 18:00 horas, en el Taller del Cuento y la Poesía que imparto en la Universidad Popular de Alcántara, inscrito en la Red de Talleres Extremeños. El acto se celebrará en la Biblioteca Pública Municipal. El autor leerá algunos fragmentos de sus libros y charlará con los asistentes sobre su concepción de la literatura.  La lectura es abierta al público (puede asistir todo aquel que lo desee; no es necesario estar inscrito en el taller). Agradezco desde aquí a José María Cumbreño haber aceptado, sin dudarlo, nuestra invitación.

     

    José María Cumbreño (Cáceres, 1972) es licenciado en Filología Hispánica y profesor de Educación Secundaria. Ha publicado los poemarios Las ciudades de la llanura (ERE, 2000), Árbol sin sombra (Algaida, 2003, Premio de poesía Ciudad de Badajoz), Estrategias y métodos para la composición de rompecabezas (El Bardo, 2008), Diccionario de dudas (Calambur, 2009), Breve biografía apócrifa de Walt Disney (Algaida, 2009, Premio de poesía Alegría/José Hierro) y, en Portugal, la antología bilingüe Teorias da ordem (Edições Sempre-em-pé, 2009). Es también autor del libro de relatos De los espacios cerrados (Fundación José Manuel Lara, 2006, Premio de narrativa breve Generación del 27), del ensayo literario Retórica para zurdos (ERE, 2010) y del diario Límites y progresiones (Baile del Sol, 2010). Tiene en prensa el poemario Genelaogías (Luces de Gálibo) y la antología La parte por el todo (La isla de Siltolá). Es el padre de Irene.

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  • 30-10-2010 / 11:20 h

    Navalmoral de la Mata (Cáceres), 30 oct (EFE).- El poeta Javier Pérez Walias estará en Navalmoral de la Mata el próximo martes, 2 de noviembre, donde visitará el Taller Literario de la Universidad Popular morala y ofrecerá una charla. La charla tendrá lugar en la Casa de la Cultura a partir de las cinco y media de la tarde, según ha informado la Concejalía de Educación. Pérez Walias ha publicado sus poemas en diversas antologías y revistas especializadas y su último premio literario destacable lo obtuvo en 2008 al ganar la XVII Bienal de Poesía "Provincia de León" con su libro Largueza del instante. Desde 2005, dirige junto a José Manuel Fuentes la colección de poesía "Cuadernos del Boreal", cuya nómina de escritores incluye a autores como Luis Alberto de Cuenca, Antonio Carvajal o Jesús Hilario Tundidor. EFE.
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  • A la belleza se llega por los poros. A la armonía se llega, asimismo, por la energía incandescente de las pupilas, por los respiraderos del alma y por los dedos de las manos que abrazan instrumentos. A la belleza, a la armonía, se acude como quien acude a una cita a ciegas bajo la lluvia y comprueba que una vez en el centro del huracán, en el centro del lienzo o de la tabla, en el lugar cero de una polaroid o junto al silencio dinamitado de la espera, acontece el estertor incomprensible de lo humano que nos saca por un instante de la desidia del mundo. Para la exposición (muy recomendable su visita) se ha editado un catálogo con textos de Antonio Urdiales, de Juan Varela, del propio Javier Roz y de un servidor.

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  • javier roz / ESTAMPA´10

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  • Jardines del Diablo (Pletvici)

    A veces suceden acontecimientos que le devuelven a uno al mejor de los estados de ánimo. Leyendo, días atrás, los Tres tratados de Armonía de Antonio Colinas, me encontré, nada más comenzar, en el preliminar, con la siguiente reflexión del poeta leonés: Recuerdo siempre el caso de aquella anónima lectora a la que conocí en la Feria del Libro de Madrid. De su bolso extrajo, para que se lo dedicara, un libro muy gastado por el uso y medio desencuadernado: era el primer Tratado de armonía. “Siempre lo llevo conmigo”, me dijo. Ésta es a mi entender, la mayor satisfacción para un autor: sintonizar, simplemente, con ese lector anónimo, secreto. Aunque no es el caso a pies juntillas, debo reconocer la gran satisfacción que a mí me proporcionó recibir, semanas atrás (perdón por el retraso) en mi teléfono móvil, desde Croacia, y más concretamente desde el Parque Nacional de los lagos de Plitvice, un sms de una entrañable amiga y lectora, o entrañable lectora y amiga (tanto da), que reza  “Hoy he pasado el día en los Jardines del Diablo y ya les he puesto color a las puertas del infierno”. Os dejo uno de los dos poemas de Largueza del instante a los que se refieren las palabras en cuestión y vaya desde aquí mi recuerdo, mi agradecimiento y mi cariño para Virginia.  

     
                                                                                                                         ©Javier Alcaíns


                          JARDINES DEL DIABLO

                                 No soy presente sólo, sino fuga raudal de cabo a fin.

                                                            Juan Ramón Jiménez

    En el principio apenas éramos la ausencia,

    un mirador abierto hacia la nada,

    un abecedario celeste

    entre los líquenes de los árboles y nuestros ojos.

     

    Y ante nuestros ojos todo el movimiento del agua,

    todo el sonido tras los umbrales del exilio

    y en los pequeños barrancos

                                              y en los lagos

    como un péndulo.

     

    Así es como aquí ha vertido el instante su latitud de pájaro,

    así es como aquí el infinito movimiento

    ha sobrevolado los árboles

    y posa ahora su mano sobre las piedras

    sumergidas bajo un horizonte de cal

     

    quebradizo.

     

    Reflejos, siluetas, troncos entre cenizas,

    toda la lava azul

    enredada entre los íntimos arrecifes

    hacia los profundos jardines del silencio.

     

    Todo el silencio como un murmullo de mercurio bajo la tierra,

    como un largo poema,

    como un río transparente que lo colmase todo

                                                                      único

    o como un carámbano al lado dulce de las sienes

     

    piel con piel

     

    y el escalofrío y la fiebre y la escasez enferma de la lluvia

    tantas veces columpiándose

    por escapar de los labios.

     

    Todo el silencio es un instante fugaz,

    repentino

    para la huida

    como cuando un hombre se adentra solo en la niebla.

     

    Todo el silencio es el aire,

    es todo el aire,

    es el viento abrasador de los deshabitados desiertos

    que no desordena las dunas

    ni ciega las córneas

    para saber de la imperfección de su existencia

    sino para,

                   intacto,

    engendrar, en la largueza fértil de un instante, su generosa incertidumbre.

    ©JPW

     

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