Javier Pérez Walias

JUAN CARLOS MESTRE en CÁCERES

El próximo lunes, 18 de marzo, nos visita el Premio Nacional de Poesía Juan Carlos Mestre. El acto dará comienzo a las 19,30 h en el Centro de Educación de Personas Adultas (CEPA). El poeta berciano será presentado, en esta ocasión, por el profesor Juan Antonio Cáceres. Y el martes, día 19, a las 12,30 h de la mañana leerá sus poemas en el IES Profesor Hernández Pacheco. Este "Encuentro Literario con Juan Carlos Mestre" será presentado por el profesor y poeta Javier Pérez Walias.

 

Juan Carlos Mestre (Villafranca del Bierzo, León, 1957), poeta y artista visual, es autor, entre otros, de los poemarios "Siete poemas escritos junto a la lluvia" (1982), "La visita de Safo" (1983), "Antífona del Otoño en el Valle del Bierzo" (Premio Adonais, 1985), "Las páginas del fuego" (1987), "La poesía ha caído en desgracia" (Premio Jaime Gil de Biedma, 1992), "La tumba de Keats" (Premio Jaén de Poesía, 1999), o "La Casa Roja" (2008), título este último con el que recibió el Premio Nacional de Poesía 2009. Su obra poética entre 1982 y 2007 ha sido recogida en antologías como "Las estrellas para quien las trabaja" o "Tarjeta de visita", ambas aparecidas en 2007.  "La bicicleta del panadero" es su nuevo libro (Calambur). Con la ironía como gran sospecha ante la conducta del saber, en este libro se nos ofrece el Mestre más complejo, también el más arriesgado, el más irreverente, el más airado, el más divertido, el más conmovido y asaltado por la precisión y la alucinación del lenguaje poético. Calambur tiene la confianza de ofrecerles un libro que será capital en la poesía española contemporánea y, más allá, en el futuro de nuestro idioma.

 

"Poco antes de borrarse del todo el Sol echa un vistazo a las cabras y a los cangrejos
Luego no queda ni un alma, las madres toman la fiebre con la mano y los suicidas vuelven otra vez a la cama
En el piso de arriba los ratones hacen un ruido de novias en sandalias
No brilla tanto la timidez de las estrellas, debe de ser el cigarrillo de los filósofos sobre el océano
Es lo posible, la ceniza de las palabras que caen desde un extraño mundo como copos de nieve" (jcm)

                                                                                                                                   
                                                                        Foto:. jpw

Es como si Mestre quisiera borrar una y otra vez sus propias huellas, el surco de esa bicicleta que culebrea por los caminos de tierra de la página, pero en vez de emplear una goma de silencio cubre su rastro con una profusión de palabras y de imágenes que se llaman unas a otras como los zarcillos de una enredadera. (Jordi Doce)

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  •         Más savia nueva
      (HOY, Trazos, 17/112012)

    Nuevo nombre en el ámbito de nuestras letras, aunque no se trata, en puridad, de un recién llegado. Ya tuvimos noticia de Francisco Fuentes, si quiera de forma indirecta, (no por verlo, sino por leerlo en el cuadernillo resultante) por su participación en ese afortunado evento titulado “La Plaga Lírica” que tuvo lugar en Plasencia acaba de hacer un año en septiembre. A resultas del mismo se editó una jugosa “plaquette” que recoge, no sólo la intervención de nuestro autor (del que llamaba la atención lo sucinto de su discurso frente a lo desplegado y caudal de la mayor parte de los poemas de sus compañeros), sino también las de los otros poetas placentinos que intervinieron: Álex Chico (que ya ha publicado La tristeza del eco en la misma editorial que la que traemos y tiene a punto un par de libros de salida inminente), su hermano pequeño, José Manuel Chico, Víctor Peña Dacosta (aún inéditos ambos) y Víctor Martín Iglesias, que dio a la estampa Cómo hemos llegado a esto (New Jersey, Casavaria, 2010). De Fuentes, además, existe un poemario anterior, al que no he tenido acceso, titulado Tierra, territorio, casa, (publicado en  la colección Brizna, de la Asociación Juvenil Argo, en Sevilla) con prólogo del poeta Javier Pérez Walias, una de las voces fundamentales en la poesía extremeña de los últimos veinte años, y a la sazón tío de nuestro autor. El libro de Fuentes, breve, pese al regusto por los espacios en blanco, no hace sino poner de relieve la excelente salud de la poesía en Plasencia (y su comarca, el prometedor Urbano Pérez Sánchez es de Hervás) y el florecimiento de lo sembrado por los grandes nombres de allí como Álvaro Valverde o el citado Pérez Walias (sobra mencionar, en el ámbito de la prosa al otro maestro, Gonzalo Hidalgo Bayal y discípulos crecido como Juan Ramón Santos). La pena es que tres de “los de la plaga”, nuestro autor, Álex Chico y Víctor Martín viven fuera de nuestra región y da algo de pena pensar en que esta generación que empieza a cuajar se desvincule de lo que ha sido Extremadura en los últimos treinta años: un vivero extraordinario para la mejor poesía contemporánea. Desideratas aparte, conformémonos con tener aquí este librito de enigmático título que la Editora Regional publica en su colección Vincapervinca. Poemas breves, de título muchas veces inserto en el propio curso del poema, con uso (a veces abuso) razonado de los espacios en blanco y sin signos de puntuación, lo que permite múltiples lecturas que, sin embargo, como en los buenos textos, acaban confluyendo sólo en una. Ahora que ya no sé si estará superada esa dialéctica de hace unos años que confrontaba la “poesía de la experiencia” con la “poesía del silencio” dudo si convendría adscribir sin reparo este Setenta y cuatro días sin mí a la segunda de las corrientes mencionadas; por lo menos externamente el autor no escatima méritos para ello: concisión, espacio para la meditación en silencio -ensimismada o falta de aire y de respuesta- que se despliega sobre el papel en blanco en busca de una conclusión. Sea como fuere, Fuentes deriva por los temas eternos, por las cuestiones de siempre: la pérdida, la muerte, a veces personalizadas en las figuras de sus familiares, de sus seres queridos, con los que parece intentar mantener un diálogo que no siempre logra llegar a buen puerto; quizá porque tampoco queda diáfana la naturaleza de esa segunda persona tan requerida a lo largo del poemario. Es, y siempre ha sido, función del poeta plantear las preguntas; compete al lector tratar de encontrar las respuestas coligiendo de lo que el autor propone: muchas veces las mismas dudas expuestas, los mismos miedos confesados, los evidentes silencios gráficamente espaciados pueden llegar a contener esa solución ansiada y quizá entonces el corolario del libro (“he confundido la vida con la lluvia”) no se nos haga necesariamente negativo. Y siempre es positivo hallar una nueva voz que promete afinar en este coro, cada vez más vibrante, de la reciente poesía extremeña.

    ENRIQUE GARCÍA FUENTES

     

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  • El desierto verde (ERE)

    "El desierto verde" es fruto de la a contemplación del paisaje y de sus elementos, de la contemplación puesta al servicio de una huida de lo efímero, aunque el poeta afirme estar construyendo moradas en las que nunca vivirá." El desierto verde es un homenaje al paiseje  es el latir tenue del tiempo a través del paisaje, a través de nuestro paisaje y de nuestra sangre. Hondura en el decir, hondura en el sentir, hondura ética y poética en el estar presente de Eduardo Moga.

     

    30 de noviembre de 2012, 20 horas.  Biblioteca Rodríguez Moñino. Cáceres. Presentación.

    Presenta: Javier Pérez Walias


                                                    [ESTA LUZ ES OTRA LUZ]

    Esta luz es otra luz. Aquella martirizaba el azul, o lo escupía, y luego se precipitaba en floraciones áridas, en tuétanos afilados como bayonetas: carecía de hendiduras; era acuosa como la piedra. Esta, en cambio, se dispersa en brumas veloces y permanece suspendida sobre los objetos como una gasa de hielo. Aquella los igualaba hasta la orfandad: los convertía en un remolino inmóvil, que se enredaba con el perfume tumultuoso de los olivares y la piel insumisa del azahar. Ahora prevalece el frío, aunque los termómetros chillen. La noche está aquí, lavada por el tiempo, cariada de nubes, desdibujada por estrías siderales. Antes de que aquella luz empezase, ya la sabía muerta, como también los gestos con los que simularía estar vivo, la pústula que es la sonrisa, las pétreas fluctuaciones del amor. Y antes de que esta luz volviera, ya la sabía aquí, en esta habitación, entre las costillas, envolviendo mi sexo triste, iluminando la certeza helada de continuar, el cansancio infinito de la escritura [la lengua, ciega, ve este momento, y lo aísla, sin comprenderlo; las palabras que consigno luchan con el armonioso desorden de los violines (suena La obertura trágica, de Brahms) y me describen huyendo; describen las manos que envejecen, el reloj agujereado por la indiferencia, la conjetura de que el horror, mañana, sea mayor que el de hoy]. El tiempo rebasa la luz, o la fecunda, y de su separación, o de su acoplamiento, brota un espasmo transparente. El tiempo apedrea el sol y amordaza las flores, ahoga el útero y circuncida las semillas. El tiempo es un astro enemigo, que vierte un ocaso en cada cosa, que estraga los días y les confiere una rigidez plantígrada. El tiempo futuro no se ha cumplido. El tiempo pasado, en cambio, respira: es otra vez presente; se extiende, bóveda sin suelo, entre la percepción y la agonía, y vuelve a esta mesa, a este desconcierto, donde atisbo otro porvenir: la nada, el sueño, la nada.

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  • Por Álex Chico.

    Hace unos días escribí, en este mismo blog, una entrada sobre literatura extremeña. O sobre escritores extremeños. O sobre la educación literaria de un extremeño que ha dejado de vivir en Extremadura. En un párrafo mencioné a varios autores que considero paradigmáticos en la construcción literaria de la región, durante la década de los ochenta. El error, que lo hubo, fue citar a una parte de ellos, obviando un buen número de poetas, dramaturgos, profesores o novelistas que también participaron en ese proceso y que situaron a Extremadura en el panorama literario español. No me parece que hiciera justicia al echar mano de los que más conocía. He intentado enmendar el error estos días, leyendo algunos manuales o páginas que dan buena cuenta de la actividad poética en Extremadura durante esos años. Entre esos libros consultados, uno de los que considero fundamentales: el primer volumen de Literatura en Extremadura, publicado por la Editora Regional de Extremadura hace un par de años, y cuya edición corre a cargo de Miguel Ángel Lama.
    Había que situar a Extremadura en la geografía literaria y los autores de los ochenta supieron hacerlo. Nunca antes había existido una época de mayor calidad en lo que a literatura extremeña se refiere. ¿Qué ocurrió o que tuvo que ocurrir para que Extremadura formara parte del panorama literario nacional? Citaremos varios acontecimientos: la publicación de los primeros libros de Ángel Campos Pámpano, de Basilio Sánchez, de Álvaro Valverde, de María José Flores, entre otros; la creación del Aula Poética de la Asociación Cultural El Brocense, dirigida por Ángel Sánchez Pascual, inaugurada por José Hierro en el otoño de 1980, en el que intervinieron diferentes autores extremeños (Javier Pérez Walias, Diego Doncel, Serafín Portillo, Santos Domínguez, Ada Salas, Alonso Guerrero, etc.), y de donde partió, si no me equivoco, la antología Jóvenes poetas en el Aula; la implicación institucional, con la creación de la Editora Regional de Extremadura, los talleres de la UPEX, las publicaciones de las diputaciones, las becas y ayudas a la edición o a la creación; las primeras antologías serias (Abierto al aire, de Valverde y Pámpano sería una de las más significativas), además de labores censales continuas; el foco cultural que supuso la Facultad de Filosofía y Letras de Cáceres, bajo el magisterio de Juan Manuel Rozas o Ricardo Senabre; el segundo congreso de la Asociación de Escritores Extremeños, en el año 82; la creación de diferentes revistas, como Espacio/Espaço escrito. Todo ello creó un panorama rico, desacomplejado, variado en fondo y forma, plural. Un panorama compuesto por diferentes actitudes, coincidentes en los principios poéticos pero ejecutados de manera diversa. Sin imposturas. Ese será el nuevo punto de partida. En los noventa, vendrá una época de consolidación, donde, como explica Ada Salas, se recogerán los frutos de aquella eclosión. Ya de normalidad, no de normalización. Diré algo más, a modo de conclusión. Extremadura viene de donde viene, conviene no olvidarlo. Por eso es inestimable la labor de estos autores y por eso no se debería perder ni un ápice de lo conseguido hasta ahora. Se trata de seguir siendo rigurosos. Volver hacia atrás significaría regresar al desierto y acabaría demostrando que no hemos aprendido nada. Es mucho el trabajo que hay detrás. Mucho. Espero que, de aquí a unos años, no nos venga a la cabeza aquel título de Llamazares y no tengamos que decir que tanta pasión no ha servido para nada.

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  • Setenta y cuatro días si mí

    FRANCISCO FUENTES ( Plasencia, 1985)

     

    Ha escrito los libros de poemas Tierra, territorio, casa (Sevilla, 2006. Premio La Mano Vegetal) y Setenta y cuatro días sin mí (En prensa, Editora Regional de Extremadura). Fue finalista del Certamen “Arte Joven Latina” de la Comunidad de Madrid en el año 2005 y ganador del Premio “Aenigma” de poesía breve en 2007 (Telde). Ha participado en la iniciativa “Encontrarte” (Plasencia, 2006) y en su edición de 2011 para la que se publicó un Cuaderno-Antología, La Plaga Lírica, de la que formó parte y diseñó la cubierta. Como artista plástico ha llevado a cabo diversas intervenciones urbanas, siempre con un fuerte componente lírico. Actualmente trabaja en sendos proyectos a medio camino entre lo poético y la performance, con una gran carga conceptual. Reside en Madrid, donde compagina los estudios de Arquitectura e Historia del Arte.

    DIME
    no
    dime

    tú que estás en la otra esquina
    tumbada de la habitación

    pero tan solo encuentro un silencio

    un silencio como
    el que precede
    al crujir de las astillas
    de los huesos
    del cuerpo contra el suelo

    dime
    dime algo por favor

    pero tan solo encuentro
    otro silencio

    en mi silencio

    algo así
    como un diálogo

                                              (A Cecilia, abuelita)

     

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  • Tres momentos poéticos

    Revista Ombligo presenta a sus ciberlectores la primera colaboración del poeta español Javier Pérez Walias, uno de los autores más productivos de la región de Extremadura.

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  • "Mansaborá" es la revista que cada curso publica el IES "Profesor Hernández-Pacheco" de Cáceres. Con motivo de la celebración de sus Jornadas Culturales Valeriano Hornero fui invitado el pasado mes de marzo a presentar mi último libro, "Arrojar piedras" (La Isla de Siltolá, Sevilla 2011), y a intercambiar impresiones sobre poesía y creación literaria con los alumnos (experiencia muy gratificante, por cierto). Agradezco ahora, desde aquí, en la persona del profesor Juan Antonio Cáceres, su invitación, la buena acogida y las palabras que dedica al libro y a mi poesía en las páginas del nº 21 de la mencionada publicación.

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  • Imagen del Extremo

     

                                   Celeste imaginario: marina.

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