Javier Pérez Walias

                               

 

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  • Largueza del instante

     

    Cazador de Lunas 2007
    Largueza del instante
    (Premio XVII Bienal de Poesía "Provincia de León", 2008)

    ("Provincia" Colección de Poesía, nº 143. Instituto Leonés de Cultura de la Excma. Diputación de León, León, 2009).

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  • Recibo con agradecimiento máximo la reseña que, sobre  Largueza del instante, escribe en su web visualpoetry.blog.com.es/ mi querido amigo y poeta Agustín Calvo Galán. Aprovecho también, desde aquí, para agradecer la cariñosa acogida que está teniendo el libro. Gracias  a Eloísa Otero por su "isla" islakokotero.blogsome.com/category/javier-perez-walias/ y a Ángela Serna  por su "Poesía de ayer y de hoy" http://olerki-poesia1.blogcindario.com/2009/11/01794-javier-perez-walias.html


    "Largueza del instante por Pérez Walias"
    por visualpoetry @ 05. nov 2009 – 16:17:30

    Largueza del Instante

     Javier Pérez Walias
     Instituto Leonés de Cultura, Diputación de León, 2009
     86 págs.

    No descubro nada si digo, como en tantos otros ámbitos de la creación, que buena parte de la poesía actual adolece de falta de velocidad. La impaciencia falsifica la maduración y la convierte en prejuicio. Ser joven, o mejor: parecerlo, vivir rápido, romper, estar en el mundo, epatar vienen a ser los argumentos reiterativos de las obras que van aupando nombres hacia la centralidad de los escaparates poéticos. Pero no nos compadezcamos, hay aún quien sigue conjugando el verbo ser. He aquí que con Largueza del instante Javier Pérez Walias resultó ganador de la XVII Bienal de Poesía "Provincia de León". Sin prisas, desde su territorio periférico, Pérez Walias ha ido edificando una casa sobria y bien construida en la que habitar el instante; ese borde afilado que sostiene todo lo que somos y percibimos, que ata a nuestra espalda el pasado mientras no quiere o no se atreve a imaginar el futuro, y sobre el que, evidentemente, transcurre todo; una edificación de la memoria, que le permite al poeta vivir e invitarnos a participar de sus estancias. Porque Largueza del instante se lee como si visitásemos la intimidad del poeta, saboreando no sólo sus palabras, su recibimiento de amistad, sino también compartiendo sus silencios y extrañezas. Pero, como el mismo título delata, el verdadero asunto de este libro es el tiempo, tanto en su percepción como en la incapacidad para su aprehensión; es así como tan sólo el instante presente, tan sólo alargar el ahora nos permite, por un lado, convertir la existencia en voluntad y, por otro, degustar la incertidumbre de todo lo demás.

    Ha llegado la hora de alargar el instante,
    de habitar en los bordes,
    en los bordes de la doblez, de la miseria y del hombre
    para despojarnos de esta tibia sensación
    de estar
    y no.                                                                                                                                                                

    (Pág. 25)

     Poesía para darse un tiempo a uno mismo y a los demás, y no para perderlo.

     

    © A.C.G. 2009

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  •  El escritor malagueño Javier La Beira disertará sobre POESÍA CONTEMPORÁNEA con el título de El antojo de abatir estrellas en el Forum Fnac Málaga Plaza,  lunes, 26 de octubre a las 20 horas. El acto será presentado por el artista plástico Juan Carlos Hernando.

     

     

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  • Un poeta

    Un poeta

    06/10/2009   Diario de León

    Al trasluz | eduardo aguirre

    Asistí a la entrega del premio de la Bienal de Poesía que concede la Diputación, a través del Instituto Leonés de Cultura. La importancia de un acto no la define el número de asistentes, sino la calidad de los mismos. Y allí, escuchando y aplaudiendo a Javier Pérez Walias, había algunos de los leoneses de más valía intelectual y humana: Cordero del Campillo, Máximo Cayón, Artigue y Rafael Carralero, cuatro destellos de humanismo. Luminosa fue también la presentación de Víctor M. Díez. Largueza del instante incluye un poema dedicado a Carralero, a quien nadie se cansa de querer, pues ello significaría que se te ha secado ya el corazón. Nuestra tierra tiene en la colección Provincia un gran estandarte; peldaño a peldaño, como las más humildes ediciones de autor, estos poemarios vienen construyendo una ascendente escalera de palabras. Los premios de poesía sólo necesitan tener detrás a un buen escritor, y a un jurado que no caiga en el compadreo del tú me das esto aquí y yo te encargo eso allá. El prestigio ha convertido el Provincia en un galón del Estado Mayor de la Poesía. El autor, quien dejó constancia de su alegría por el reconocimiento recibido ese mismo día por Juan Carlos Mestre, me confirmó que publicar en la colección leonesa atrae más que en otras de más renombre, ya deterioradas por el todo vale. Al leernos sus poemas pudimos constatar el acierto del jurado: «Los peces de la vida y de la infancia también reclaman su alimento / su porción de cebo blanco en el poema». Las huellas de la poesía son profundas, y variada la forma de caminar, pero no es necesario que la pisada sea estruendosa. Ante la culturilla del fuego de artificio, la cultura del logro silencioso. Lejos del mundanal ruido, a solas con «los agujeros celestes del lenguaje».

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  • Largueza del instante, Javier Pérez Walias

    Sala Región. León, jueves 1 de octubre de 2009

          

      De izquierda a derecha, el poeta Víctor M. Díez, Javier Pérez Walias, Jesús Celis y Carmen Rodríguez

     

    Querría dar cuatro pinceladas sobre mi lectura del libro Largueza del instante, de Javier Pérez Walias, que hoy ve la luz, para animar a los futuros lectores a acercarse a él. Abrir un libro de poemas es abrir una puerta al edificio de la poesía. Antonio Gamoneda suele insistir en que la verdadera poesía no es literatura. Que la poesía no es un mero género de escritura. Si no que es, y ha de ser, una herida abierta en el vivir y que su poder de evocación y de verdad surge de la vida, y es vida en sí misma o no es nada.

     

    Largueza del instante es, en ese sentido, a mi parecer, un itinerario que ajusta sus límites entre “el comienzo de un tiempo pretérito” y “el final de un tiempo presente”. Haz y envés, alfa y omega, principio y fin que resume, en una misma cita de Juan Ramón, la redondez de su transcurso: “No soy presente sólo, sino fuga raudal de cabo a fin”. El tiempo pende entre estos dos postes y su lenguaje son los ropajes, las telas, las horas, la vida que se seca al aire, que se aventa o se remansa, que se moja bajo una lluvia de gritos y murmullos, que se anuda y se retuerce en el dolor; o que brilla en la calma de un sol sereno.

    Es un tiempo que nos enferma, este tiempo. Por eso hacemos el equipaje (acumulamos para la huida), en medio de esa sensación de estar y no estar, leemos: “Me ausento. / Huyo como huye la espuma / hacia el profundo exilio de las playas en los océanos, / hacia las fronteras de tu nombre descosido, / mojado y triste…”. El protagonista de este viaje va desgranando sus asfixiantes deseos de huida. Enumero algunos, como: Avanzo, recorro, sin detenerme nunca… Pero, quien así escapa, se da cuenta de que es una imagen en movimiento sobre un fondo estático, plano. Tiene la extraña y tibia sensación de estar y no. Porque, en palabras del poeta Miguel Suárez, “Estar cuesta” y uno se aferra como un naufrago a los tablones. Leo: “Han ido llegándome los restos de este paisaje / como llegan los amigos”. Se quiere, por ejemplo, pensar que un bodegón no es una naturaleza muerta:

    “La noche nos acaricia con su travelling a cámara lenta”. Se percibe la claridad como una cárcel y se va llegando a las regiones más seguras, a las casas de los amigos, “donde la luz / gotea / aun por los tejados”. Y en esa paz descansamos y somos, como en el verso rescatado por José Miguel Ullán: “El caminante enfermo que se enamoró donde fue hospedado”.

    Sí, “ha llegado, entonces, el momento de alargar este instante”. Pero esa elongación que puede entenderse como placidez, afirmados en el dulce balanceo de la vida amada, puede convertirse en la siguiente estación en puro esguince del alma, en corazón dislocado por lo de afuera. Al enfrentarnos, a pecho descubierto, al sucio bullicio, al murmullo incesante del mundo. “Ahora me confirmo en que todo el mundo anda al revés y todo cuanto hay en él es a la trocada”. Esta cita de Baltasar Gracián que abre la tercera parte del libro, nos avisa de que no es nuevo ese tópico de que “al mundo le falta un tornillo”, por decirlo con palabras de tango.

    Todo viajero se ve obligado a la elección, qué tren he de tomar, qué camino he de seguir al llegar a una bifurcación. He de volver o he de seguir. Soy aquél que un día emprendió la marcha o aquél desconocido que me espera al otro lado… “Elegí, / obligado por el murmullo del mundo y por mi silencio, poder decir lo que ahora digo con las palabras.” Sí, las palabras son la conciencia, la herramienta mágica. Pero quién soy yo o, mejor, quiénes somos ese yo. El poeta se eleva como un pájaro y se ve a sí mismo desde las terrazas. Toma conciencia de que es un ser fragmentario ante el mundo: “Tu perfil es el perfil de cuantos te habitan y ningún hombre ignora”. Es el lugareño, el extranjero y el apátrida, tus imágenes aparecen por un laberinto, te ve un rostro oculto que pasa.

    Somos “un niño con ojos grandes, con ojos grandes y abiertos” asombrados ante la estulticia que habita “en los abrevaderos / donde bebe la multitud que vomita”. Que mira con deseo a una niña que canta en la puerta principal de la ciudad vieja y escucha dócil a la anciana mujer con pañuelo. El mundo es una palabra extraña que nos expulsa con frío de su seno. Soñamos ser aquél niño perdido en la ciudad de Praga, escondido en el exotismo de los nombres, en el refugio del cementerio judío, bajo los puentes, en las torres, en las islas que oculta el río…

    Se dice por ahí que hasta un reloj parado tiene razón, al menos, dos veces al día. Pero el tiempo del que aquí se nos habla es más engañoso que un viejo reloj en desuso. La vida es un falso movimiento, una sombra que se persigue a sí misma. El tiempo no transcurre, nos golpea en los talones con su vara de fresno. Y así, todos somos capaces de un sencillo deseo, de una esperanza compartida. “A partir de ahora, enfermo ya de melancolía, nos confiesa el autor, quisiera tomarme mi tiempo igual que se toma un té a las cinco en punto, pero de la madrugada.”

    © Víctor M. Díez 
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  • El presidente del jurado, Antonio Colinas, con el ganador de la Bienal de Poesía ‘Provincia de León’ 2008, Javier Pérez Walias.

    El placentino Javier Pérez Walias recibe la XVII Bienal de Poesía Provincia de
    León con un poemario que reflexiona sobre cómo vivimos el paso del tiempo de una manera emocional.


     
    Fragmento de la entrevista publicada en LA CRÓNICA DE LEÓN por Joaquín Revuelta.
     León, lunes 5 de octubre de 2009.

    El pasado jueves día 1 de octubre se hizo entrega en el salón de plenos de la Diputación Provincial de León del galardón correspondiente a la Bienal de Poesía ‘Provincia de León’ 2008 que convoca la institución provincial a través del Instituto Leonés de Cultura y que en su diecisiete edición recayó en el poemario del autor placentino Javier Pérez Walias ‘Largueza del instante’. El jurado presidido por el poeta bañezano Antonio Colinas, del que también formaban parte José Enrique Martínez, Máximo Cayón, Ángel Fierro y Víctor M. Díez, tuvo a bien reconocer que se trata de una obra “técnicamente bien resuelta, tanto en el desarrollo de cada poema como en la organización del conjunto, con un estilo fluido y rotundo, ofreciendo momentos de un lirismo intenso, y con una admirable capacidad para contar por medio de imágenes plásticas paisajes y figuras humanas, aunando emoción y reflexión, en un tono sostenido a lo largo del poemario”.
    El poeta placentino, que imparte clases de lengua como profesor de Educación Secundaria en Cáceres, confiesa que no es un habitual de los certámenes literarios. “Soy de escritura lenta y la verdad es que procuro elegir  bien dónde y cuándo publicar. Lo que realmente me interesa es que la edición del libro tenga recorrido y que aparezca en una editorial o en una colección de prestigio, como puede ser la colección Provincia que todo el mundo conoce y sabe de su magnífica trayectoria”. Para el último ganador de la Bienal de poesía "Provincia de León" se hace imprescindible “crear desde la honestidad para poder transmitir con verdad al lector”. En relación a la obra ganadora, Largueza del instante, su autor reconoce que llevaba tiempo trabajando en ella. “Aproximadamente he tardado unos cinco años en confeccionarla y siempre aparecen poemas ligados a paisajes, a viajes, a recorridos geográficos y vitales.  Baste como ejemplo, el poema que abre el libro, que se titula ‘Jardines del infierno’ y hace referencia al Parque Nacional de Plitvice, en Croacia. Todo ello, al igual que sucede con la pintura, se transforma lentamente dando lugar a contenidos más profundos, más íntimos y personales." El jurado valoró positivamente la admirable capacidad de Javier Pérez Walias para contar por medio de imágenes plásticas paisajes y figuras humanas.
    El autor placentino explica que ha pretendido que fuera un libro de tiempos y de espacios. “No en vano, el título Largueza del instante alude a la elasticidad del tiempo y a cómo lo vivimos de una manera emocional. Cómo se percibe el paso del tiempo es algo  mudable y depende del estado emocional del sujeto, del poeta. A partir de este momento, el libro se convierte en un viaje tomando como referencia los paisajes, las situaciones, y fundamentalmente las vidas de las personas en el pasado y en el presente, que surgen ancladas  a estos paisajes con sus vivencias y con todo lo que nos rodea”.  “Se podría decir que el hecho viajero es simplemente una anécdota”, dice, poniendo el ejemplo de un  niño que aparece en una pequeñísima barca de color azul en medio de la inmensidad del Nilo pidiendo para ganarse el sustento, “es una imagen que habita dentro del viaje pero que trasciende emocionalmente  el simple recorrido del que viaja. Y todo ello se transforma y acaba convirtiéndose en un poema que aparece en un libro y que  lleva por título ‘La mirada de un niño es como la mirada de un pez”.

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  • 02/10/2009 efe | león  

     

                                                                                                               Celis, Carrasco y Martínez, con Javier Pérez Walias.

     

    El poeta cacereño Javier Pérez Walias, recogió ayer el premio de la 17ª Bienal de Poesía Provincia de León, por su obra Largueza del instante . El importe del premio que ha recibido Pérez Walias en el Palacio de los Guzmanes es de 6.000 euros, por ser, según consta en el acta del fallo del jurado, «una obra técnicamente bien resuelta, tanto en el desarrollo de cada poema como en la organización del conjunto». Asimismo, la obra ofrece «un estilo fluido y rotundo», así como «momentos de un lirismo intenso y con una admirable capacidad para contar, por medio de imágenes plásticas, paisajes y figuras humanas, aunando emoción y reflexión en un tono sostenido».

     

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  • 5.- NADA SABE LA NOCHE

     


    Nada sabe la noche / Jesús Hilario Tundidor
    (Cuadernos del Boreal, nº 5. Colección de Poesía dirigida por Javier Pérez Walias y José Manuel Fuentes. Este nº al cuidado de J.M.F, J.P.W. y Juan Ramón Casillas. Ilustración de cubierta de E.Gómez. Dpto. de Lengua C y L, IES "UNIVERSIDAD LABORAL". Cáceres 2009). 

     

     

     

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      Un momento de la lectura de JHT en el IES "Universidad Laboral"


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    JESÚS HILARIO TUNDIDOR nace en Zamora en 1935, realiza estudios de Magisterio y de Historia, y durante una etapa de su vida ejerce la docencia. En la actualidad, reside en Madrid, pero en otros enclaves de la geografía española, como en algunas capitales andaluzas o del Levante peninsular, han podido disfrutar de su presencia como conciudadano y como poeta. Ha dictado conferencias y participado en cursos y seminarios en diversas instituciones culturales y círculos de pensamiento. La trayectoria vital de Jesús Hilario Tundidor se ha construido sobre los firmes cimientos de intensas experiencias emocionales y sobre la conciencia de una realidad que se le presenta, en mayor o menor medida, en desorden: Una realidad que le acompaña de forma irrenunciable y de la que nos da puntual noticia, a la búsqueda de un equilibrio perseguido, en todos y cada uno de sus poemas, como si fuese una memoria. La existencia es concebida como dinámica actividad en el pensar, y la subjetividad es entendida como resorte y acicate para desandar el propio camino: humano y poético. Poesía y vida, existencia y emoción, como en otros tantos hitos de nuestra poesía, se nos muestran aquí ensambladas para disfrute del mundo y de sus lectores. Además del Adonais (1962) y del Álamo (1969), Jesús Hilario Tundidor ha obtenido los premios González de Lama (1972), Esquío (1980) o San Juan de Baños (1997). Y como reconocimiento a su obra poética, el Premio de la Academia Castellano-leonesa de Poesía 1999, por su trayectoria, el premio León Felipe (2000), por «el valor humano de su poesía, en la que conviven los valores éticos y estéticos, y el Premio de la Asociación Madrileña de Críticos (2006). Pero ¿qué aporta Jesús Hilario Tundidor al panorama de la poesía española? Algunas voces de autoridad han afirmado que nos encontramos ante uno de los mejores poetas españoles vivos, e incluso se ha dicho del poeta zamorano que puede ser hoy considerado como un poeta español de máxima altura y categoría absoluta. Jaime Siles ha descrito su devenir poético como un continuo eje luminoso. Y es que este poeta afincado en Madrid ha labrado uno de los “corpus” más coherente, comprometido, hermoso y emocionante de toda nuestra literatura contemporánea. Más allá de géneros, estilos o poéticas cronológicamente próximas, Jesús Hilario Tundidor nos propone –no sin cierta dosis de recogimiento, análisis y reflexión– aproximarnos a una realidad preñada de significados sustantivos, como pensamiento, contemplación, luz, paisaje, júbilo, lenguaje, música o soledad. Y todo ello al servicio solidario de los impulsos de la imaginación creadora; al servicio de una poesía de la coherencia vivencial, anclada ésta, de un lado, en una geografía habitable y reconocible por elementos como cielo, tierra, aire, orilla…; de otro, en una espléndida gama de resortes de estilo, manejados con exquisita corrección, como los metros de canon impar (heptasílabos, eneasílabos, endecasílabos), la música de múltiples colores o el personalísimo y natural uso de la imagen y el símbolo. Se debe al propio poeta la siguiente reflexión (acerca del oficio de la escritura): Escribir poesía es apasionar la inteligencia y clarificar la emoción del conocimiento dentro de una experiencia personal profunda […]. Su obra, ordenada en varias épocas, se inicia con el título Río oscuro (Zamora, 1960), libro al que seguirán Junto a mi silencio (Madrid, 1963, Premio Adonais 1962), Las hoces y los días (Madrid, 1966), En voz baja (Salamanca, 1969, Premio Álamo 1969), Pasiono (León, 1972), Tetraedro (Barcelona, 1978), Libro de amor para Salónica (Zamora, 1980), Repaso de un tiempo inmóvil (Ferrol, 1982), Mausoleo (Barcelona, 1988), Construcción de la rosa (Madrid, 1990), Tejedora de azar (Valladolid, 1995), Las llaves del reino (Madrid, 2000 y Fue (Palencia, 2007). Además, sus poemas aparecen recogidos, entre otras antologías, en Lectura de la noche (Madrid, 1990), Mundo ahí (Málaga, 1999) o Un paso Atrás (Madrid, 2003). Y cabría añadir a esta relación, aparte las ediciones no venales, el videodisco (DVD) Como si fuese niebla. Vida y obra de Jesús Hilario Tundidor (Madrid, 2005) o el libro-disco Viento de octubre (Madrid, 2007), en colaboración con Moncho Otero y Rafa Mora. Como ensayista, Tundidor ha publicado, entre otros, los estudios 6 poetas de Zamora y una intrusión (Zamora, 1976) y Reflexiones sobre mi poesía (Madrid, 1994). En 2008 ve la luz el trabajo Inventario de Jesús Hilario Tundidor. Las voces y los libros (Burgos, 2008). Estamos, pues, ante un hombre de inmaculado recorrido poético, ante un poeta con una relevancia incuestionable en el ámbito de nuestra literatura contemporánea, incluido en la Generación del 60 por imponderables de la cronología, cargado de fuerza vital y de esperanza creadora: Algún día espero hacer el poema que he buscado siempre .

    © JAVIER PÉREZ WALIAS (Cáceres y marzo de 2009)

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