Cazador de Lunas 2007
Los días imposibles, Calambur Editorial (Poesía, 53, Madrid, 2005). Dibujo de cubierta (detalle): Javier Roz.

                A MITAD DEL CAMINO DE LA VIDA

  

                                                              (FIGURACIÓN SEGUNDA)


  

    Hace ya algunos meses que en callado silencio
vienes buscando,
oh viejo intruso,
fantasmas que creíste ya olvidados
a mitad del camino de la vida,
en el vaho terso de las cristaleras,
en algún café con sabor a invierno
o en sus veladores fríos.
Mientras anochecías con lluvia
en los ojos
o triste
junto a algunos charcos innombrables.

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    Desde aquel tiempo de mar en retirada,
de desnudez en los árboles
y de soledad en las azoteas
has buscado fantasmas, los has buscado
por los pasillos de la casa sin luz,
en la sala de los libros,
en los estantes donde duermen
temblorosos los poemas
y en los bolsillos de las camisas
a la altura del corazón,
y en las máscaras que dan pulso a las paredes
y son retratos
de aquellos seres amables que bajo la memoria
de las aguas
y de los estanques comunes
                                      nos aman
o nos quisieron.

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    Has buscado solo,
cada noche antes de ir a descansar,
y has buscado en todos los cajones
y fuera y dentro de los armarios
y debajo
de todas las baldosas.

    Por todas las oquedades,
por todos los agujeros
y cerraduras muertas
has rastreado signos, gestos, marcas, huellas imposibles,
miradas durmientes sobre la tinta…

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    Has hurgado
en los tipos móviles de las imprentas
durante pálidas tardes de sol,
durante puestas y amaneceres tan demorados, tan infinitos
como el silbar
de los trenes de carbón por las viejas traviesas y raíles
en los que viajan
el cansancio y la ternura.

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     Y te has detenido en cada estación
del mundo

y en los pasos sin barrera
mientras el vigía de las agujas

cambia (hasta la locura) el sentido de las agujas
del reloj.
 

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    Fantasmas de apariencia circulares.
 

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    Has buscado palabras cóncavas
en la bondad,
en los bosques y en los primeros colores del otoño
con las que iluminar tus versos.

Paisajes que levantar imaginarios
sobre unos pliegos de papel de plata.

Lenguas líquidas
con las que azucarar
tu boca.

Mudos mapas sobre los que prender
con alfileres
los recuerdos si se nubla la luna,
paseándote

bajo la sombra inmensa del desconsuelo
por ti mismo
en la ciudad dormida.

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    Y esperas,
esperas que en ti jamás habite el desencanto
como habita el alquitrán
en las maderas de las cuadernas del tiempo.

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    Has buscado estrellas fugaces
de mar
en sudarios
vacíos.

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    Cruces. Caminos. Ensanches.

Factorías.

Lugares extranjeros.

Lejanas plazas encaladas. Azul
la rosa o arenisca de los vientos.

Un jardín cerrado (con acacias)
y otro japonés en lo alto del valle.

Pájaros antiguos.

Una isla sin laberintos ni puentes.

Ángeles frágiles,
dioses amables.

Presencias de aquí
                         y de allá.

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     Has buscado fantasmas que creíste ya olvidados,
los has perseguido
como el hombre que ama
y ama
aun cuando se sabe vulnerable
por el óxido
más ocre
de los días terrestres.

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     He buscado hasta entrar en el silencio,
hasta encontrarme frente a frente
con todas las esquinas de esta luz
que me rehúye a cada paso, oscura,
y a la que reclamo claridad
para mí solo,
más redonda y más de fuego
al cabo de estos días imposibles
y en este mismo instante como cada mes de noviembre
en que todavía
respiro.

 

 

 

                                 La poesía me robará mi muerte.

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