La cacharrería de libros

He leído en algún rincón de la red, que a la mesa invadida por el caos, en la que vamos depositando la generosidad que nos remiten los amigos en forma de libros, la podemos llamar cacharrería. Este lugar, anunciado así, es como una madre joven, preñada de significados tiernos, y lo es por sus matices fónicos, por sus connotaciones de equipaje imprescindible y porque, sobre todo, nos convierte en pequeños Funes, en sesudos plantígrados, ávidos de memoria y afecto, que entramos, a volapié, en el pensamiento colectivo para movernos por el tablero que dibujan las relaciones entre las personas de bien. A diferencia de las grandes bibliotecas y los museos, las cacharrerías de libros están más vivas que nunca y nos permiten bucear, a lo esnórquel, entre las páginas aún desprovistas de su acuse de recibo, y conmovernos con las peripecias de sus moradores, por obra y gracia de sus ángeles custodios, y deleitarnos bajo el amparo impagable del libre albedrío, de la elección a ciegas o de la flecha que atraviesa rauda el corazón de lo inexplorado. Nos permiten encontrar un universo luminoso en medio de la oscuridad de estos días interminables de noviembre, descansar bajo una palmera que rebosa leche dulce en medio de una isla. Las cacharrerías de libros se nutren, crecen y merman, con el gesto de los amigos, con el gesto de los amigos de las cosas perdurables, con el gesto de los que alumbran las palabras al ritmo ajedrezado de las cubiertas, al  ritmo de cualquier esperanza, con las letras capitulares de la gratitud, al ritmo de la vida, por ejemplo. Luego, por imperativo del espacio que habitamos, acabamos poniendo pauta y medida, cierto orden en el caos de los sentimientos más puros. Acabamos acomodando nombres y vísceras, como víctimas casi del olvido, en sus celdillas correspondientes. Pero a partir de este momento, ya nada, aunque sólo regresemos de vez en cuando a charlar con los que allí moran, ya nada será lo mismo. Las cacharrerías de libros son, a la postre, nuestro locus amoenus para el regocijo y el agradecimiento.

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