A la belleza se llega por los poros. A la armonía se llega, asimismo, por la energía incandescente de las pupilas, por los respiraderos del alma y por los dedos de las manos que abrazan instrumentos. A la belleza, a la armonía, se acude como quien acude a una cita a ciegas bajo la lluvia y comprueba que una vez en el centro del huracán, en el centro del lienzo o de la tabla, en el lugar cero de una polaroid o junto al silencio dinamitado de la espera, acontece el estertor incomprensible de lo humano que nos saca por un instante de la desidia del mundo. Para la exposición (muy recomendable su visita) se ha editado un catálogo con textos de Antonio Urdiales, de Juan Varela, del propio Javier Roz y de un servidor.

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