Juan Béjar (Málaga, 1946), pintor que ha explorado con insondable talento la complejidad de la figura humana como emoción estética.

                                         JAULA ROJA 

                Tres apuntes sobre una tabla de Juan Béjar   

    1

Sueña el mar de fondo y puedo contemplar en él −como en un friso de otro tiempo− la aparición súbita de una hermosa imagen entre la niebla y mis ojos. Una voluptuosa figura humana fulgurante de tristeza, con la mirada inocente y cándida de los paseos al atardecer junto a la única farola del puerto, con los cabellos amplios, en cascada hacia sus hombros, una figura humana de piel marfil, de manos finas y dedos huesudos (entrelazadas) y un cuerpo azul, tan azul que se perdería ingenuo bajo una arboleda entre glaciares o junto a un lago cuajado de corales y aguamarinas. Las dunas del cuello de su vestido y las mangas con pasamanería de su blusa incendian el rostro de esta princesa austrohúngara que aún no fue seducida por ningún príncipe pobre con belfos de sapo ni por ningún artista, ni por ningún poeta.


       2

(Al fondo, una jaula hermosísima, roja desde el amanecer a la noche, cuelga con serenidad extrema de no se sabe qué luz ni de qué astro. A esta jaula le falta la profundidad alegre del cielo, le falta la generosidad suave de las nubes, aunque tiene un comedero en el que rebosan las frutas maduras del tiempo. La portilla de esta pequeña cárcel de amor está abierta siempre de par en par, para que entre, de una vez por todas, la bondad a manos llenas.)


        3

En la medalla que pende del cuello de la joven, sobre una de las dunas de su blusa, donde atracan los dragones y las gárgolas de su infancia, he podido descifrar lo que sigue: 

Disfrutad, criaturas de Dios, de todos estos dones que os ofrece el cielo porque tengo el temor de que, antes que después, caerán en la charca profunda del olvido y los devorarán las tencas del infierno.


                  Arrojar piedras, La Isla de Siltolá, Sevilla, 2011

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