El desierto verde (ERE)

"El desierto verde" es fruto de la a contemplación del paisaje y de sus elementos, de la contemplación puesta al servicio de una huida de lo efímero, aunque el poeta afirme estar construyendo moradas en las que nunca vivirá." El desierto verde es un homenaje al paiseje  es el latir tenue del tiempo a través del paisaje, a través de nuestro paisaje y de nuestra sangre. Hondura en el decir, hondura en el sentir, hondura ética y poética en el estar presente de Eduardo Moga.

 

30 de noviembre de 2012, 20 horas.  Biblioteca Rodríguez Moñino. Cáceres. Presentación.

Presenta: Javier Pérez Walias


                                                [ESTA LUZ ES OTRA LUZ]

Esta luz es otra luz. Aquella martirizaba el azul, o lo escupía, y luego se precipitaba en floraciones áridas, en tuétanos afilados como bayonetas: carecía de hendiduras; era acuosa como la piedra. Esta, en cambio, se dispersa en brumas veloces y permanece suspendida sobre los objetos como una gasa de hielo. Aquella los igualaba hasta la orfandad: los convertía en un remolino inmóvil, que se enredaba con el perfume tumultuoso de los olivares y la piel insumisa del azahar. Ahora prevalece el frío, aunque los termómetros chillen. La noche está aquí, lavada por el tiempo, cariada de nubes, desdibujada por estrías siderales. Antes de que aquella luz empezase, ya la sabía muerta, como también los gestos con los que simularía estar vivo, la pústula que es la sonrisa, las pétreas fluctuaciones del amor. Y antes de que esta luz volviera, ya la sabía aquí, en esta habitación, entre las costillas, envolviendo mi sexo triste, iluminando la certeza helada de continuar, el cansancio infinito de la escritura [la lengua, ciega, ve este momento, y lo aísla, sin comprenderlo; las palabras que consigno luchan con el armonioso desorden de los violines (suena La obertura trágica, de Brahms) y me describen huyendo; describen las manos que envejecen, el reloj agujereado por la indiferencia, la conjetura de que el horror, mañana, sea mayor que el de hoy]. El tiempo rebasa la luz, o la fecunda, y de su separación, o de su acoplamiento, brota un espasmo transparente. El tiempo apedrea el sol y amordaza las flores, ahoga el útero y circuncida las semillas. El tiempo es un astro enemigo, que vierte un ocaso en cada cosa, que estraga los días y les confiere una rigidez plantígrada. El tiempo futuro no se ha cumplido. El tiempo pasado, en cambio, respira: es otra vez presente; se extiende, bóveda sin suelo, entre la percepción y la agonía, y vuelve a esta mesa, a este desconcierto, donde atisbo otro porvenir: la nada, el sueño, la nada.

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