Un alérgico día de primavera, en una recepción literaria, con entrada libre y vino de honor, se encontró un joven poeta con un poeta y crítico de altura de miras, que rondaba el medio siglo en edad y sabiduría. Su ulterior libro (le dijo el ilustrado crítico al joven), sin que se me ofenda usted,  me ha gustado más bien poco y me ha sugerido una mierda. Ante tal desenvoltura en la expresión y lucidez en las ideas,  el joven vate le replicó: Mi querido maestro, con todo mi respeto, nunca creí, que a tan temprana edad, lograra yo, que mi lírica oliera, como usted ha conseguido que apeste, a lo largo de tantos años, su prosa y su vida.   Dejémoslo estar.

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