A mí también me congratula enormemente que críticos como García Fuentes o Simón Viola estén atentos y den buena cuenta del magnífico estado de nuestra actual poesía. Los lectores de poesía agradecemos siempre estas aproximaciones, y los poetas agradecen siempre (sobre todo cuando, como es el caso que nos ocupa, son merecidos) los laureles. Aquí os dejo la reseña de Enrique García Fuentes, aparecida en HOY, el 9 de enero de 2012, sobre el libro de Luis María Marina Continuo mudar. Mérida, ERE, 2011.

Un poemario valiente

Me congratula enormemente que en la última reseña que mi compañero Simón Viola publicaba en estas misma sección hace unas semanas, refiriéndose a la última entrega del placentino Álex Chico, pusiera de relieve en los poemas del citado los bien asimilados ecos de la poesía de poetas extremeños de la generación inmediatamente anterior como eran Álvaro Valverde o Basilio Sánchez. Con menos precisión me había referido yo mismo a estos ecos en la poesía de otro cacereño novel (si bien ya no tanto) como era Mario Lourtau, lo que pone de relieve no sólo el buen estado de nuestra actual poesía, sino el saludable hecho de que poetas generacionalmente posteriores lean y asimilen modelos ofrecidos por los anteriores aún en plena sazón. Con todo, no son las nuestras las únicas referencias en la última producción poética extremeña; tenemos el caso reciente de Luis María Marina (Cáceres, 1978) para ofrecer otras vías (aunque hago especial hincapié –dicho sea de paso- en que no son las nuestras las únicas huellas detectables en los poetas mencionados, además de que su aportación particular les ha hecho un sitio bien merecido en el ámbito de la última poesía; dejemos las cosas claras). Quien hoy nos ocupa había publicado ya un libro de poemas en México, Lo que los dioses aman (2008), adonde su condición de diplomático le condujo; pero ha sido aquí en nuestra región donde ha venido a editar, por primera vez en nuestro país, este Continuo mudar que hoy traemos. Un libro difícil y valiente a la vez, de los que no enganchan a la primera y fuerzan al lector –a su preparación y conocimientos- a estar a la altura de esta atrevida aleación entre el barroco castellano (más, quizá, en su vertiente conceptista que culterana) y el modernismo mexicano, de muchísima menos impronta en nuestras letras. Tan elaborada imbricación da como resultado, en las atinadas palabras de Martín López-Vega (atento y curioso autor que esperamos tener con nosotros a comienzos del mes de febrero en el Aula Díez-Canedo), “a un poeta claro, que conoce el valor exacto de cada palabra y que además no le teme a ningún tema”. Esta curiosa heterogeneidad, cada vez más evidente en la obra de poetas, no sólo de la última hornada, caso de Daniel Casado, sino en las últimas entregas de poetas anteriores, caso del reciente libro de Pérez Walias, es siempre un corcel difícil de manejar si no da el autor con la tecla correcta para mantenerlo al paso. En nuestro caso, el mismo título del poemario parece invitarnos a este arriesgado viaje que, desde el primer poema del libro, donde Santo Tomás visita Auschwitz para escuchar el diálogo entre Celan, Edipo y dos judíos polacos, e incluso el siguiente, en el que Francisco de Goya dialoga con “España, madre amantísima” reconociendo las bases de El Bosco como las suyas propias y recuperando el viejo “tema de España” y aportando un matiz de crítica social que parece volver a los versos de nuestros poetas contemporáneos, nos sitúa (el libro, digo, que me pierdo con párrafos tan largos) nos pone en evidencia que estamos ante algo que no estamos muy acostumbrados a encontrarnos en el panorama actual de nuestra poesía. Si avanzando en su contenido hallamos referencias bíblicas (Job, San Juan Evangelista), recreaciones de asuntos medievales como las Danzas de la Muerte, canciones casi al modo esproncediano, reconstrucciones con personajes del teatro de Tirso de Molina y un final desdoblando los heterónimos pessoanos, percibimos que estamos ante un auténtico y bizarro especialista que, por lo menos, se la juega con una poesía complicada y abrupta que, gustará más o menos, pero, seguro, no dejará a ninguno indiferente. 

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