Llanto roto

Antes de leerles algunos versos, quisiera agradecer al artista, desde mi afecto y mi admiración, que me haya invitado a participar en este acto tan suyo, tan nuestro. La expresión plástica y la palabra poética, desde hace algún tiempo, maridan bien en Extremadura, se toman de la mano y, a menudo, como en mi caso, caminan juntas por parques, jardines, arboledas e islas. Poesía y pintura, pintura y mirada lírica van de la mano por los paisajes del alma y del hombre, por los parajes que la imaginación de Nacho Lobato roba a la luz y a las sombras, porque corto es el viaje para el que no espera nada ante la imponente soledad del bosque. Coexistir es la astilla de luz en medio de un bosque enmarañado. Apuntalar la vida es la tarea, Nacho. Como digo, voy a leerles dos, tres poemas, algunos fragmentos, al hilo de lo pictórico, de lo sugerente y anímico; al hilo del torrente emocional y humano que, a mi entender, habita y atraviesa de sur a norte, de dentro afuera y de fuera adentro la obra de Nacho Lobato y que él, generosamente, viene regalándonos. (Fragmento del texto leído en la "Sala de la Autonomía del Parlamento de Extremadura" el día 2 de febrero de 2012, con motivo de la inauguración de la exposición de Nacho Lobato).

lo difícil es hacer las preguntas

acariciar los límites

bajo el oscuro grisú de las mañanas perdidas

que nunca vuelven

mientras un extraño empuja tu vagoneta hacia los

senderos del último

alarido de la tierra

sin haber sentido nunca de cerca

ni una sola vez –al menos– con la respiración

convulsa y en silencio

la caricia salina de un ahogado

o el llanto roto

por la agonía de los árboles

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