Cazador de Lunas 2007
Cazador de lunas / Juan Carlos Mestre 6 Aguafuertes / ESTUCHE
(Monosabio, nº 20. Colección Literaria dirigida por Javier La Beira y Diego Medina. Área de Cultura del Excmo. Ayuntamiento de Málaga. Málaga, 2007).

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Aguafuertes

Algunos textos de este libro …

CITA INICIAL

De noche también vi en el desierto a los cazadores de lunas. Seres prodigiosos que dominan de tal modo la ficción, que son tenidos por expertos creadores de ilusiones. Ellos —me han dicho— conocen cuanto concierne a la unidad lunar, y, sin embargo, no parece preocuparles, ni les otorga un rango superior, obtener la pieza auténtica o su espejismo.

                                                                       RAFAEL PÉREZ ESTRADA

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GRANDIOSA LENTITUD

NI para la lírica, ni para la náutica. Cuando de navegar se trata, sea por las aguas terrenales o las del espíritu, nunca fue la prisa buena conseje­ra. Y de eso trata, aunque lo parezca, la lírica de Walias: de navegar por los mares del espíritu. Lentamente.
Hasta el día de hoy, mayo y once de mil y novecientos y noventa y ocho, dos o tres libros anteriores habían ya otorgado fe pública de su cabotaje. En estrecha puridad, dos libros y un cuaderno de bitácora bajo la advocación de Ángel Caffarena, el más hermoso timonel que en gloria está. Así que, en pura realidad, tres libros.
Ahora, Cazador de lunas, el cuarto viaje, ha llegado a puerto. De nuevo el puerto de Málaga. Impelido por el viento de virazón, y al socaire de una prosa, que es verso, de Rafael Pérez Estrada. Al abrigo de un título que dibuja, en lontananza, la figura grande de Emilio Prados.
En la imprenta suya, de Prados, que fue la de Caffarena, que es la de Pérez Estrada y la de Virazón. Todo está bien.
Tampoco es bueno que el poema esté solo. De su costilla, y sobre sus espaldas, ha de engendrarse un libro entero. No una suma de ver­sos, sino una obra única. "Yo pienso el libro, siempre, como poema", susurraba Prados en sus cartas. Walias lo sabe, y por eso concibe libros indisolubles, como nupcias bíblicas. Un festín arquitectónico donde cada pilar remite a su cimiento. Cada elevación, a su base. Libros indivisibles, como un número primo. Sólo por sí y por uno.
Corresponde a los libros del navegante Walias, en primer término, la observación del horizonte. Demoradamente. Hallar en lo informe de las cosas, al picassiano modo, su ilusión estética. Imbuirse además en la sabiduría que, bajo su apariencia, la naturaleza encierra. Aplicarse, pues, a la lectura atenta de todo lo visible afuera, naturaleza o cosa, para perfilar, muy al fondo, los paisajes propios. Vislumbrar, con María Zambrano, los claros del bosque interior.
Para lo que no hay prisa. En Walias. El cazador de imágenes es un desdeñoso de la premura. Su condición le impulsa a seguir, únicamen­te, el sonido que derraman las palabras y los versos. El ritmo. Walias es, sobre todas las cosas de la naturaleza lírica, un artesano del ritmo. Un oyente privilegiado. (El ritmo: origen y fundamento de la literatura. ¿Cuántas veces habrá que proclamarlo?) El tiempo del poeta es, siem­pre, un tiempo casi, casi detenido. Grandiosa lentitud. Hay una razón paradójica, que enuncia Walias: "Al fin, todo es tránsito" (la coma, morosa, es mía).
También estas líneas deben transitar hacia su fin. De María Zambrano se ha destacado "su incidencia en lo inefable y su inmersión en lo invisible". La obra de Walias, navegación lírica, persigue y logra el mismo destino mediante un verso cálido, inteligente, cincelado y austero.
Conviene, por lo dicho, detenerse en este poeta detenido.
              

                                                                    JAVIER LA BEIRA

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NOTA FINAL

 

Quien haya discurrido por las páginas de este libro hasta llegar aquí sabrá que no es hipérbole lo que digo. Los versos de "Cazador de lunas", de Javier Pérez Walias, maravillosamente acompañados por seis aguafuertes de Juan Carlos Mestre, constituyen un conjunto en el que la belleza, la intensidad, la armonía y la elegancia han hecho su trabajo con una perfección inusual en estos días y en estos pagos. El papel sabiamente escogido, el atinado prólogo de Javier La Beira, la tipografía, la calidad con que están reproducidas las ilustraciones,  todo en el libro, en fin, hecha excepción de estas líneas epilogales, contribuyen a otorgar en nuestra memoria un asiento de privilegio a "Cazador de lunas". Me siento orgulloso por haber sido invitado a una fiesta en la que verso e imagen dialogan de una forma tan deslumbrante y tan inteligente, a una fiesta que imprime en el recuerdo el sello de la permanencia. Hipnosis, sugestión, embrujo son algunas de las palabras que se desprenden de este libro. Y es que en un mundo como el nuestro, en el que no hay licencia venatoria para cazar lunas porque la luna es una especie protegida, el hecho de que Walias y Mestre nos propongan una cacería tan sugerente y tan hermosa nos alivia de soledades y de correcciones políticas y nos sumerge en el fuego de campamento de la auténtica poesía, que es siempre transgresora, y del arte real, que es siempre fantástico. Que los dioses de arriba les bendigan por ello.

                                                               LUIS ALBERTO DE CUENCA
                                                                     15 de marzo de 2007

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JUSTIFICACIÓN de la TIRADA

 

De esta edición de Cazador de lunas, de JAVIER PÉREZ WALIAS, número 20 de la colección literaria M O N O S A B I O que edita el Área de Cultura del Ayuntamiento de Málaga, se han impreso 500 ejemplares. De ellos, 102 van en el interior de un estuche que alberga, además, en carpeta exenta, un conjunto de 6 grabados estampados al aguafuerte, originales, firmados y personalizados a mano por su autor, el artista visual y poeta JUAN CARLOS MESTRE (de la a a la z, los 27 primeros; del I al XXV, los 25 siguientes; y en numeración arábiga, los 50 restantes). Han sido estampados sobre papel Hahnemüle de 300 gr en el taller Gravura y en la ciudad de Málaga, bajo la supervisión del maestro grabador Paco Aguilar. El diseño  y la maquetación   de la edición son  esmeros     de    A n t o n i o  H e r r á i z .