Cazador de Lunas 2007
Cazador de lunas / Juan Carlos Mestre 6 Aguafuertes / LIBRO
(Monosabio, nº 20. Colección Literaria dirigida por Javier La Beira y Diego Medina. Área de Cultura del Excmo. Ayuntamiento de Málaga. Málaga, 2007).

Algunos poemas de este libro …

ESPEJISMO

Después de tantas noches esperando
el alba,
rompiendo oscuridades
encarcelando el aire,
con el paso trémulo de los tiempos
apenas si me reconozco.
La soledad es lejanía
y recordar
haber sido sólo tú
entre tus sombras,
reflejo casi siempre oculto
del umbral de la casa abierta,
en el mirador aquel con horizontes,
del cielo —tras los visillos— de menta y laurel.
La soledad es en sí misma este espejismo cálido
donde se avienen
el tacto a infancia,
a poleo maduro
y la memoria
de pájaros y peces.
¿Existen entonces lo verdadero, lo lejano
y lo que uno creía ya perdido?
Los objetos y las imágenes irrumpen
como por un cerezal de rescoldos
de la misma manera que se me clava el frío
en el cuerpo
y anida bajo mi piel,
a la intemperie,
la luna.

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A VECES NOS LLEGA EL TEMBLOR

De pronto se abre la ausencia
y llega
como nos llega el temblor.
Entre estas piedras en soledad
duermen las caricias
que proporciona el vacío,
la certeza y la lluvia de los años
que nos moja al alba
finísima,
entre nostalgias y recuerdos.
Sentado, solo y en el principio,
con las primeras horas de la mañana,
como quien espera la redención por unos ojos,
por todos los ojos de las estrellas
o por los ojos de un pájaro
o por los ojos que miran
la espuma próxima
a los ojos.

De pronto se abre la ausencia
y llega el silencio
como nos llega el temblor
ante la muerte.
En mi cuerpo una brizna de musgo,
tal vez,
en mi voz.

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A MODO DE BARCOS HUECOS

Necesario se me hizo el silencio más absoluto del mundo
durante ciertos atardeceres.
Los ojos tímidamente iluminados,
casi húmedos, eran ajenos
a la prohibida fruta de la muerte.
Nunca olvidaré aquel instante de desamparo
entre los versos tiernos de la contienda.
Las grandiosas murallas a modo de barcos huecos,
defenderán nuestros cuerpos y la luna
—me susurraste.

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FRAGMENTO ÍNTIMO, 1

Y es que estas soledades
de callejas conocidas
hacen resucitar en mi interior
—siempre que regreso—
el amor desnudo con que la luna se detiene
sobre las baldosas de barro
y leve alumbra
los portalones antiguos.

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FRAGMENTO ÍNTIMO, 2

Amable es la sombra
de estos árboles, que en volandas se agitan,
a la vera
del camino más triste
junto al río de la isla y las murallas.
A la vera y tras los ojos
del nuevo puente
que sobre remolinos y cantos
plenos de aire
respiran.

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FRAGMENTO ÍNTIMO, 3

La luz de la mañana
se acomoda en el estanque
bajo el sosiego y la esencia fresca que da la piedra.
El bullicio de la claridad
y el cromatismo del sol sobre las copas
al entorno y a mí mismo quitan lindes.

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CÔTE SAUVAGE

(Sobre las rocas de Quiberon, agosto de 1994)

Ahora vuelvo
la más limpia de las miradas
cordialmente hacia las cosas
y me doy cuenta
de que no estoy dispuesto aún
para mirarlas con todo el sosiego,
con toda la mansedumbre
y con toda la distancia,
a pesar de los años ya vividos.
Así es como contempla la luna
de esta otra bahía
las retorcidas copas de los pinos
y el ir
        y venir
brusco
          del oleaje.

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BAHÍA SUR

Ahora vuelvo
la más limpia de las miradas
cordialmente hacia las cosas
y me doy cuenta
de que no estoy dispuesto aún
para mirarlas con todo el sosiego,
con toda la mansedumbre,
y con toda la distancia,
a pesar de los años ya vividos.
Así es como contempla la luna
de la próxima bahía
las verdes hojas de la higuera
y el ir
y venir
pausado
del oleaje.

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ÚLTIMOS DÍAS DE INVIERNO

Son los últimos días del invierno,
desapacibles.
La luz ilumina dolorosamente,
sin fuerzas
las ventanas, el corazón,
las alfombras.
Y apenas ha caído lluvia en tus ojos
y en tu pelo
durante las últimas noches.
Y con tan poca cantidad de agua
recogida en el último otoño
y con tanta ausencia de luz lunar
en los labios
quizás no sea fácil —¿tú que crees?—
que lleguen a tiempo las próximas caricias.

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EL ALA DEL PÁJARO

Jamás supe con exactitud
hasta dónde puede elevarse el ala del pájaro.
La nube arranca del agua su semilla,
la noche arranca de la luna mis sombras.
El ala del pájaro unge —y asciende—
de aire puro los espacios abiertos.
Pero tras el cobre, que arde, del horizonte
sólo mis ojos,
hacia arriba e ilimitados,
podrían ocupar raudos un lugar tan transparente.
Quizás también existe un gesto capaz
de darme algunas respuestas
que busco
bajo las campanas huecas de otros párpados.

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DESDE LOS HAYEDOS DE BÉRTIZ

                                                   (elegía)

Fuiste
árbol
en tu tronco y en tus hojas
para que yo escuchara,
en pausado silencio,
todas las sombras del Señorío de Bértiz.
La niebla purifica aquí el alma
y el limón de los hayedos
otorga, en esencia, claros de luz
al que camina.
Humedeciste mis manos y mi espíritu
en el círculo frágil,
en el reflejo que pasa
de estas aguas bajando
como trazos de muerte
por entre el silbar
agudo y triste
de las cumbres.
Fuiste
árbol
en tu tronco y en tus hojas
para asirme, en un leve soplo,
a todas las sombras, a todas las tinieblas,
tinieblas o sombras
enmarañadas de Bértiz.

Déjame aquí, sereno, en descanso,
oyendo la caracola vacía
que me dejó tu silencio
y la claridad del bosque.

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