5 Jun

Alguien anda diciendo que a las afueras de la ciudad hay una casa roja. (JCM)
Era la fiesta del viernes. Por la tarde, El Retiro estaba exuberante, realmente hermoso. Temperatura moderada de principios de junio, trinos en las copas de los árboles y miles de tesoros esperándonos, en forma de libros, en las más de doscientas casitas de la Feria. La Feria del libro de Madrid es, en sí misma, un espectáculo de luz y sonido: cientos de historias que buscan ser compartidas y un lugar donde vivir, cientos de personas que buscan y encuentran su particular historia. Pero, a eso de las veinte horas, el corazón de la feria estaba en el pabellón Carmen Martín Gaite. El corazón latía con la fuerza poderosa de un caballo joven, bombeaba con la ilusión de la juventud del que atesora veinte años. Que es un soplo la vida, lo dejaba en el aire, jalonado su discurso por una emoción apenas contenida, la voz preclara de Emilio Torné. No era para menos. No era una fiesta al uso, era una celebración, la celebración de la palabra, de la palabra común que perdura en el tiempo por su bondad hermosa, una comunión llena de afectos y parabienes. Calambur ha cumplido veinte años, y el acúmulo poético de esos veinte abriles es un cofre a rebosar, y lo hemos celebrado de la manera más entrañable, con el encuentro fervoroso de los amigos, con los abrazos de los amigos llegados de todas las partes del universo y con el recuerdo amable de las ausencias. Calambur ha sido durante las últimas dos décadas, para muchos, la casa madre de la poesía. Tras las palabras de Emilio Torné, uno de los arquitectos de la casa donde el oro y la plata no son lo que parecen, la música colmaba el cielo de la carpa del Retiro y tras la música, la poesía bajó a la tierra y se hizo verbo y habitó entre nosotros por la voz de un espléndido Mestre. La casa roja es la casa de muchos, La casa roja es la casa de Calambur y Calambur es el cáliz que ha custodiado, con el celo de la perfección y el afecto, una parte esencial de la poesía contemporánea de este país. Salud.

Emilio Torné y Juan Carlos Mestre

Con Tundidor, Mestre, Miguel Ángel Muñoz y Torné.
30 May
Sería hermoso, o cuanto menos deseable, que algunos (de vez en cuando siquiera) escribiéramos, con el corazón en la garganta sobre un muro de piedras, o con ácido sobre un lienzo de zinc; que escribiéramos lo que fuera preciso, pero a fuego lento. Sería deseable, incluso hermoso, que acampáramos en las conciencias dormidas de los descreídos, en las plazas de los indignados, en los despachos globales, en los salones de los palacios, que acampáramos con nuestras palabras y que éstas sirvieran como advertencia de la desidia en la que, los que se creen más que ninguno de nosotros, se han instalado. En esta vida que ahora nos ocupa, la sensación que lo invade todo es la de tener una sanguijuela insaciable recorriéndonos las venas, secándonos la tensión y sembrando el dolor y la desazón dentro de nosotros. El hombre, en su esencia, preocupa poco, y aún más, preocupa a muy pocos. Los aguerridos medios de comunicación parecen letrinas con gigantes de viento en sus entrañas que esparcen desperdicios por todos los rincones, haciéndonos creer que la basura, con la que nos obsequian a diario, es dulce de mazapán. Pareciera que el tren de la imaginación ya pasó de largo y que el tren de mercancías cargado de opulencia nunca descarrilará. Pareciera que vale más una onza de oro de 24 quilates que una onza de chocolate con un te quiero; una puñalada trapera que un abrazo; una ofensa que un choque de hombros en todo lo alto; 1 gramo blanco que 42 kilogramos de joven humanidad desahuciada; un padrenuestro que nuestro propio padre. Pareciera que se toman decisiones portentosas para cambiar la nada, para cambiar la realidad de esta nada, pero la realidad es que la realidad huele a cloaca porque ha sido tomada por el orín y la mugre. A decir verdad, lo que mejor hacemos la mayoría de nosotros, a diario, es morir, morir abandonados a nuestro sustento. Por eso, es hora de ponernos manos a la obra. Por eso, es hora de vivir, de soñar nuevos caminos, con la energía de nuestras palabras (de vez en cuado siquiera), para cambiar la inercia.
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27 May
La casa estaba allí, dormida junto a la lluvia, habitada
de verde y de nostalgia.
23 May

En cada rama del bosque sentí el crepitar ceniza de la tarde.
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22 May
Toqué el musgo y oí el despertar, en silencio, de los pájaros.
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20 May
Un alérgico día de primavera, en una recepción literaria, con entrada libre y vino de honor, se encontró un joven poeta con un poeta y crítico de altura de miras, que rondaba el medio siglo en edad y sabiduría. Su ulterior libro (le dijo el ilustrado crítico al joven), sin que se me ofenda usted, me ha gustado más bien poco y me ha sugerido una mierda. Ante tal desenvoltura en la expresión y lucidez en las ideas, el joven vate le replicó: Mi querido maestro, con todo mi respeto, nunca creí, que a tan temprana edad, lograra yo, que mi lírica oliera, como usted ha conseguido que apeste, a lo largo de tantos años, su prosa y su vida. Dejémoslo estar.
19 May
Ayer llovió por el oeste lo que no está en los escritos. Hoy parece que el día aguantará con el sol luciendo en todo lo alto, en el morrillo de la tarde, que diría un taurino. Libro que cojo últimamente entre las manos (antologías, dicho sea de paso), libro que en su liminar se vierten conceptos como silencio, contemplación, experiencia que, como todos sabemos, es la madre de la ciencia, conciencia, coherencia, pureza, transparencia, posmodernidad… Y todo para hablarnos del viejo oficio de crear belleza con el lenguaje y de sus muñidores. Escribo porque me salva, porque es lo único que me queda, porque fija un sonido, unas luces, el final de un acto de amor, el escenario de unas horas de deseo. Así comienza un poema en prosa de Javier Lostalé titulado Confesión que pertenece a su libro La Rosa Inclinada. Ciertamente, toda manifestación artística, literaria y en esencia toda expresión poética, encierra en sí misma una forma para la confesión semejante a la sencillez, en su mecanismo, de un reloj de arena. Mecanismo para la confesión cómplice que se pone en movimiento desde la nostalgia de lo perfecto; que nos permite vivir dentro y fuera de las aguas del lenguaje, como si fuéramos anfibios en nuestra compleja realidad. Este hecho nos concede la gracia de indagar en sensaciones que se originan a flor de piel, que emanan de roces, de encuentros y desencuentros, en ocasiones simples, inadvertidos, tal vez, para el otro. Así, por el caudal del lenguaje fluye el agua de las palabras hermosas y del entendimiento, convirtiendo parterres de lo anecdótico en concreción de lo profundamente humano y común. De esta manera, y por medio de un uso casi encelado de esta lente que es la poesía, podemos rescatar, desde la oscuridad recóndita del ser, lo esencial de nosotros mismos y transmitirlo, para hacerlo palpable, a nuestros semejantes. Nunca el engaño fue tan bello. Experiencia, silencio, conciencia, transparencia… ¡qué más da! Los poemas de ambas antologías sí que me han puesto los vellos de punta (asomándome con casta al balcón de la lectura), y mientras, afuera, no paraba de llover.
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17 May
Hay libros de poemas que estimulan en cualquier lector el fluir convulso de la lectura y la escritura. Otros, en cambio, hacen pensar en quienes escribieron dichos libros y en el porqué de su revancha ante la vida. Siempre he preferido la incertidumbre que, aunque angustiosa y callada en ocasiones, concluye en la dicha diminuta de alguna verdad. Prefiero un cierto grado de incertidumbre a la certeza firme de la roca que engendra, casi siempre, el tropezón y la caída y la fractura. A nadie se le escapa que nunca fue necesario talar el bosque para recolectar el fruto, como mucho con una discreta y selectiva poda, a su debido tiempo, es suficiente. Pero no seré yo el que alimente, con las ramas caídas, el fuego que solo arde para aquellos que lo avivaron. Pasen y lean todas las novedades de esta temporada. Pasen y lean. No hay liquidación por cierre, no hay rebajas ni saldos de temporada. Hay buen paño, género de primera calidad donde elegir el poema que a usted más le convenga, el que mejor le siente a su color de corbata. Y dicho esto, prefiero el verso de base impar, como el eneasílabo, frente al octosílabo tradicional, incluso con bordón. En la variedad está el gusto, aunque reconozco que a mí el negro no me sienta del todo bien. ¡Ojo avizor!
15 May
En este país multicolor y multiétnico de creadores, artistas y poetas, se practica, con frecuencia, un deporte muy popular entre nosotros, a la par que inútil, la crítica literaria de "toma y daca". La crítica, salvo honrosas excepciones, se hace como si de un ejercicio circense de trapecio se tratara, a veces con red, a veces sin red, a veces sin ton y a veces sin son. Se dan pelos y señales sobre poetas y sus libros de poesía, sobre galardones, sobre los vates que conforman los jurados, sobre las amistades peligrosas, sobre las relaciones sentimentales, etc. Todo esto, en ocasiones, entretiene y distrae a una mayoría ociosa, e incluso puede ayudar a comprender cómo de revueltas bajan las aguas líricas por los barrancos de las grandes editoriales y torrenteras. Echo, sin embargo, de menos, menos crítica −valga aquí la repetición− amarilla o rosa, y más atención a todos aquellos poetas que, día a día, con más o menos éxito o difusión de sus obras, pero con una vigorosa voluntad de estilo y honestidad creadora, hacen crecer, pleno en salud, el panorama poético de nuestra lengua y hacen que los lectores anónimos de poesía disfrutemos con ello. Echo de menos, en fin, el rigor científico imprescindible en la crítica poética, al alcance solo, parece ser, de unos cuantos elegidos. ¡Que cunda el buen ejemplo!
7 May
Ha sido un placer atender, con la celeridad que el amigo siempre merece, a la petición que me hizo, días atrás, Francisco Rodríguez Criado. Se trata de una iniciativa literaria (en este caso poética) que consiste en, más que recomendar, compartir con los lectores de su magnífico blog, las profundas emociones que a uno le produjo y le sigue produciendo cada vez que lo lee, el acercamiento cómplice, en este caso, a uno de los poemas más hermosos de nuestra literatura. Se trata de CAVALO MORTO de Juan Carlos Mestre. Os invito a visitar la web Narrativabreve.com en su pestaña 1001 poemas y, además de disfrutar con otros textos espléndidos, a leer o releer este magnífico poema de este berciano universal.
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