Parece que algo se mueve tras inciertos meses de inactividad. Me refiero, concretamente, a la institución que fuera, durante años, y gracias a sus timoneles, el buque insignia de las publicaciones en Extremadura. Me refiero a la Editora Regional. La máquina, que algunos dimos por desguazada y en vía muerta, ha comenzado a desperezarse, a salir de las cocheras. No parece, que a golpe de carbón y más madera, y en los tiempos que corren, alcance las bondades de la alta velocidad (tampoco tenemos noticias de que el AVE aterrice por estas tierras en breve), pero sí de que, paso a paso, irá tomando el rumbo y la velocidad de crucero necesaria para seguir siendo lo que fue. Prueba de ello es la llegada, en estas últimas semanas, de tres nuevas entregas en su colección de poesía: Géiser, de la salmantina-extremeña Carmen Hernández Zurbano, Plaza de la palabra, antología con prólogo de Félix Grande, del cacereño Santos Domínguez, y Continuo mudar, del también cacereño y afincado en Lisboa Luis María Marina. Tengo sospechas, y son sospechas fundadas, de que a estos tres títulos se irán sumando, a más no tardar, aquellos otros que por su calidad literaria, contrastada, quedaron en cartera y pendientes de entrar en imprenta en la etapa anterior. Es cierto, no nos hubiéramos perdonado nunca que, por un "quítate tú pa´ ponerme yo", la espléndida labor de una institución como la Editora (ejemplo público de rigor y de difusión cultural), se fuera definitivamente al traste. Todo parece indicar que se alejan, de una vez por todas, los malos augurios y que estamos de enhorabuena, que los lectores y escritores estamos de enhorabuena a la espera de  nuevos acontecimientos.

 

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