Fiebre y compasión de los metales
María Ángeles Pérez López

Prólogo de Juan Carlos Mestre

  Vaso Roto Ediciones, México/Madrid, 2016

56 págs

 

                         

Si tuviera que rescatar un par de versos del último libro de María Ángeles Pérez López (Valladolid, 1967), serían, por ejemplo, "Filamento de luz en lo invisible, / libélula y metal, cada puntada". Entre otras razones, porque ejemplifican lo que Juan Carlos Mestre expresa con maestría en el prólogo. Pérez López es profesora titular en la USAL, desarrollando una importante labor investigadora sobre poesía contemporánea en español. Como poeta ha publicado, entre otros títulos, Carnalidad del frío (2000), Atavío y puñal (2012) y Catorce vidas —Poesía 1995-2009— (2010). El corpus de Fiebre y compasión de los metales se nos presenta abrazado por sendos textos, el ya citado prólogo y otro de la propia autora, a modo de epílogo. El lector, según escribe el poeta berciano, se hallará ante "Metales que son metalenguajes de la herida" como una hermosa incisión en la memoria del hombre. Pero también, esta Fiebre es "Tajo y dulzura […] y sed de relámpago". […] Agua y ángel. […] Filos. Herraduras. Campanas. Cuchillas en el mito del fuego" y de los trabajos ancestrales. En el texto (epílogo) Por el lado sin filo se nos advierte de que estamos ante una tarea en diálogo con diversas voces. Tanto es así, que al final de algunos poemas se explicitan los nombres de Lorca, Pound, Fernández Mallo, Pizarnik o Claudio Rodríguez. Poemas que han ido mascándose —en palabras de la autora— con otros, en la fulguración de otros lenguajes y desde otras bocas. Pero de Fiebre y compasión de los metales me gustaría resaltar que, ya desde el endecasílabo del título, la poeta utiliza con pericia de forja el símbolo, y así las aleaciones acogen en su significación la bondad y el daño; la violencia y la mansedumbre; lo natural y lo mecanicista: pensamiento y lenguaje poético para la expresión de la generosidad sin filo, o la denuncia feroz de la injusticia. Imágenes como "Tijeras que soñaron con ser llaves […] para abrir el corazón y sus ventanas". O las traídas en el poema El bisturí —casi alegoría— donde el sujeto lírico se transmuta en cirujano, el escarpelo en pluma sanadora, el poema en corazón y la sangre en lenguaje. Los diferentes oficios —carnicero, herrero, afilador, panadero, etcétera— remiten al acto de decir en su bifaz significado de herida y cauterización (Lázaro de Tormes y su esquilmado jarro de vino al fondo). De esta forma, "Quien amputa sonidos, no percibe / que en la palabra bosque, late el árbol / y en la palabra rama la madera". Pérez López transita por muy diversos paisajes interiores, pero yo destacaría tres: La doble condición del ser humano bajo el árbol sagrado del bien y del mal, "de la ira insidiosa con que el hierro muerde"; la palabra como punzón que reconcilia, como linimento cicatrizante para las heridas del cuerpo y del alma; y la reivindicación del poema en justa correspondencia con el lamento solidario "que pide ser viento que arrase los paisajes de la usura". El lector se halla ante una colada de metales que la poeta solidifica aunando tradición y personalidad, con herramientas como la cadencia del endecasílabo, "como surco que hiere y restituye"; con asimilaciones extraordinarias cuando escribe "la vocal redonda de la hoz [o] la media luna que canta en el centeno"; con la fusión de realidades imposibles porque en el poema "noche y madrugada son lo mismo"; con aliteraciones de una plasticidad extraordinaria como en el verso "—culebra y cicatriz de los relámpagos—"; con personificaciones que mudan los utensilios de metal en seres entrañables ("El martillo acaricia la pared—"); o con referencias —y/o analogías— a los poetas con los que Pérez López conversa. Fiebre y compasión de los metales es, en suma, un libro de muy agradecida lectura para los sentidos, para el entendimiento, y ofrece muchas bondades a cualquier lector ávido de inquietud emocional y lírica. -JAVIER PÉREZ WALIAS