Más savia nueva
  (HOY, Trazos, 17/112012)

Nuevo nombre en el ámbito de nuestras letras, aunque no se trata, en puridad, de un recién llegado. Ya tuvimos noticia de Francisco Fuentes, si quiera de forma indirecta, (no por verlo, sino por leerlo en el cuadernillo resultante) por su participación en ese afortunado evento titulado “La Plaga Lírica” que tuvo lugar en Plasencia acaba de hacer un año en septiembre. A resultas del mismo se editó una jugosa “plaquette” que recoge, no sólo la intervención de nuestro autor (del que llamaba la atención lo sucinto de su discurso frente a lo desplegado y caudal de la mayor parte de los poemas de sus compañeros), sino también las de los otros poetas placentinos que intervinieron: Álex Chico (que ya ha publicado La tristeza del eco en la misma editorial que la que traemos y tiene a punto un par de libros de salida inminente), su hermano pequeño, José Manuel Chico, Víctor Peña Dacosta (aún inéditos ambos) y Víctor Martín Iglesias, que dio a la estampa Cómo hemos llegado a esto (New Jersey, Casavaria, 2010). De Fuentes, además, existe un poemario anterior, al que no he tenido acceso, titulado Tierra, territorio, casa, (publicado en  la colección Brizna, de la Asociación Juvenil Argo, en Sevilla) con prólogo del poeta Javier Pérez Walias, una de las voces fundamentales en la poesía extremeña de los últimos veinte años, y a la sazón tío de nuestro autor. El libro de Fuentes, breve, pese al regusto por los espacios en blanco, no hace sino poner de relieve la excelente salud de la poesía en Plasencia (y su comarca, el prometedor Urbano Pérez Sánchez es de Hervás) y el florecimiento de lo sembrado por los grandes nombres de allí como Álvaro Valverde o el citado Pérez Walias (sobra mencionar, en el ámbito de la prosa al otro maestro, Gonzalo Hidalgo Bayal y discípulos crecido como Juan Ramón Santos). La pena es que tres de “los de la plaga”, nuestro autor, Álex Chico y Víctor Martín viven fuera de nuestra región y da algo de pena pensar en que esta generación que empieza a cuajar se desvincule de lo que ha sido Extremadura en los últimos treinta años: un vivero extraordinario para la mejor poesía contemporánea. Desideratas aparte, conformémonos con tener aquí este librito de enigmático título que la Editora Regional publica en su colección Vincapervinca. Poemas breves, de título muchas veces inserto en el propio curso del poema, con uso (a veces abuso) razonado de los espacios en blanco y sin signos de puntuación, lo que permite múltiples lecturas que, sin embargo, como en los buenos textos, acaban confluyendo sólo en una. Ahora que ya no sé si estará superada esa dialéctica de hace unos años que confrontaba la “poesía de la experiencia” con la “poesía del silencio” dudo si convendría adscribir sin reparo este Setenta y cuatro días sin mí a la segunda de las corrientes mencionadas; por lo menos externamente el autor no escatima méritos para ello: concisión, espacio para la meditación en silencio -ensimismada o falta de aire y de respuesta- que se despliega sobre el papel en blanco en busca de una conclusión. Sea como fuere, Fuentes deriva por los temas eternos, por las cuestiones de siempre: la pérdida, la muerte, a veces personalizadas en las figuras de sus familiares, de sus seres queridos, con los que parece intentar mantener un diálogo que no siempre logra llegar a buen puerto; quizá porque tampoco queda diáfana la naturaleza de esa segunda persona tan requerida a lo largo del poemario. Es, y siempre ha sido, función del poeta plantear las preguntas; compete al lector tratar de encontrar las respuestas coligiendo de lo que el autor propone: muchas veces las mismas dudas expuestas, los mismos miedos confesados, los evidentes silencios gráficamente espaciados pueden llegar a contener esa solución ansiada y quizá entonces el corolario del libro (“he confundido la vida con la lluvia”) no se nos haga necesariamente negativo. Y siempre es positivo hallar una nueva voz que promete afinar en este coro, cada vez más vibrante, de la reciente poesía extremeña.

ENRIQUE GARCÍA FUENTES

 

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