José Luis Gutiérrez (saxofones), Jesús Parra (guitarra), Gerardo Ramos (contrabajo) y Tommaso Caggiani (batería y percusión) presentaron, el pasado viernes, su nuevo trabajo que lleva por título Fruit Salad  en Cáceres, Museo Casa Pedrilla.


En ocasiones, las cosas son más sencillas de lo que aparentan. Los acontecimientos llegan hasta nosotros de la mano del azar o por la simple conjunción de las estrellas, sin saber muy bien el porqué. Sin duda, la emoción, la energía y el silencio pueden custodiarse en las formas más hermosas del sonido. Cuando los astros se confabulan, se transmite la fuerza de lo insondable, la constatación de lo mágico y acontece en el interior de uno el asombro, la belleza. El pasado viernes, acudí, expectante, a un espectáculo que resultó ser espléndido. Disfruté, como hacía tiempo que no disfrutaba, de un concierto, música de iberjazz, cargado de tradición y contradicción, pleno de frescura, de pasión y entusiasmo por lo bien hecho. José Luis Gutiérrez Cuarteto, bajo la atmósfera delicada del convento de San Francisco (Cáceres) nos transmitió, como el que no quiere la cosa, su amor por lo que hace, por la música. Nos transmitió, con una generosidad poco común, su original forma de entender que bajo la gran bóveda del silencio, que bajo el latido de las piedras y de los siglos, el aire de sus pulmones puede convertir el vacío en música, la vibración celeste en música, el metal de los platillos en música. El pasado viernes sentí el dulce silencio en cada agujero de aire, en cada cuerda, en cada acorde redondo de la batería y la madera. Sentí  la armonía como una tormenta estival de fruta fresca. Gracias. Acérquense a este cuarteto. Acérquense y deleiten su espíritu con el iberjazz de José Luis Gutiérrez.

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