Javier Pérez Walias

Contenido de Marzo, 2008

4.- Ella

 

Ella / Concha García
(Cuadernos del Boreal, nº 4. Colección de Poesía dirigida por Javier Pérez Walias y José Manuel Fuentes. Este nº al cuidado de J.M.F, J.P.W. y J.M. Barrado. Ilustración de cubierta de Emilia Gómez. Dpto. de Lengua Castellana y Literatura, IES "UNIVERSIDAD LABORAL". Cáceres 2008).

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  •     Hacía ya algunos años que no acudía al reclamo del Valle en su máximo momento de floración y de esplendor. Y, como siempre, desde que era niño, he vuelto a sentir la fuerza de su luz. La misma luz de entonces y tan distinta una y otra vez.


         

                                                          © jpw


                         OJO DE HALCÓN

    Dos guías tuve yo en ese camino, uno el poeta que como halcón
    encapuchado, en su vivir solitario y nocturno, centrada en sí la esperanza
    de luz en las tinieblas; el otro, de diurno ejercicio.
                                                                                                      Clara Janés

    ¡Ah!
    Este pájaro de la dicha
    o blancura
    en medio de las tinieblas.
    Este pájaro
    de apagados ojos
    y de profundo vuelo en el aire detenido
    hacia cuánta
    oscuridad que refulge.
    Pájaro nacido de la piedra
    que en solemne soledad
    se remansa
    y de estrellas pleno como la noche.
    Como dulce pupila o fruto
    retoma presto las alturas
    para apresarlo todo,
    todo el fulgor
    sobre la verde umbría de las aguas,
    sobre el calor ciego
    de la claridad
    ausente.

    Este pájaro de la dicha
    o blancura
    en medio de los abismos.
    Este pájaro
    de encendidos ojos en el aire
    guarda tras el umbral
    de nuestros cuerpos
    cenizas malvas de algún atardecer
    de otoño.
    Ya oculto entre la maleza,
    ya entre el bosque desnudo,
    acarrea desde el centro nombres
    de las aguas del río
    hacia la orilla,
    ante la mirada fresca de los castaños
    y el beso ácido de las acerolas
    de la infancia.
    Este pájaro
    como fruto dulce,
    como noche cerrada
    en su nocturna oscuridad se aquieta
    y remonta
    presto las alturas
    para apresar,
    en la cumbre blanca de tanto cerezo,
    la tibia nieve y su memoria…

                                                      
                                                        de A este lado oscuro del cauce, 1992.

    JPW 

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  • Libro de las CARTAS

    PACO MORAL
    EDICIONES VITRUBIO
    COLECCIÓN BAÑOS DEL CARMEN, 145
    MADRID, 2008.
    72 PÁGINAS

     

    Si he de vivir sin ti,
    que sea duro y cruento:
    la sopa fría, los zapatos rotos
    .

               Julio Cortázar

     

    Recibo desde Rivas Vaciamadrid, con gran placer y gratitud, estas hermosas cartas que me envía mi amigo Paco Moral (Madrid, 1961), autor que ya en 1989 diera a la imprenta Suave viene la noche (Colección Abraxas). Este epistolario se abre con una primera parte titulada Cuaderno de las Canciones y una cita de Antonio Gala que comienza "No creo en más infierno que en tu ausencia,". Prosigue con El cuaderno de las cartas de Ayala (carta 1, 1978 — carta 30, 1998) y concluye con Nueve canciones de Karen. Las canciones (epístolas, al fin y al cabo) abrazan a las cartas propiamente dichas en una estructura de evidente equilibrio formal. He podido disfrutar, en estos días de cierta soledad lenta, de un libro eminentemente lírico y amoroso en el que un orden temporal aparente (hilo conductor en todo epistolario al uso), el ritmo de las canciones decantado decididamente hacia lo armonioso, y la comunicación verbal y sensual entre el YO y el TÚ, conforman un todo estilístico acorde y sostenido. En verdad que hacía tiempo que no caían en mis manos unos poemas de amor tan frescos, tan sutiles y tan honestos. Los amantes de la buena poesía estamos de enhorabuena. Y si no, lean y disfruten:

     

               Carta 26, 1998

    A la tibia liturgia del pecado
    han pasado tus manos tras las mías
    y te enredas, y palpas y porfías
    al tacto de mi cuerpo abandonado.

    En la suave penumbra de la estancia
    donde tu amor me tiene y me sostiene,
    mi corazón se teje y se entretiene
    en tu pozo de plata, en su abundancia…

    Tápame con la manta, que no veas
    asomar una lágrima en mis ojos
    incendiados quizás de nada y todo:

    nada de no tenerte, y que no seas
    quien dé vida otra vez a mis rastrojos;
    todo, de que me quieras a tu modo.

                                   © Paco Moral

                                                                                                           JPW

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